La historia de un acordeonista que se gana la vida en los buses de Managua

Ramón Godínez toca el acordeón para un público que no puede ver. Cuando tenía 12 meses de edad, cuenta que el sarampión atacó su cuerpo y le provocó ceguera.

Ramón Agustín Godínez, de 66 años, toca el acordeón para un público que no puede ver. Cuando tenía apenas 12 meses de haber nacido, cuenta que el sarampión atacó su cuerpo y le provocó ceguera. Pero esta condición no fue un obstáculo para aprender a tocar el instrumento que ahora le ayuda a recordar a su esposa que falleció hace dos años, precisamente cuando pone los dedos en las teclas y suena la pieza musical: Amor Eterno, del artista mexicano Juan Gabriel.

Su trayecto como artista musical es uno de los menos sonados en el país a pesar de haber colaborado en grupos musicales que tuvieron auge en su tiempo, además que recibió un reconocimiento como artista destacado en el 2007. El hombre del acordeón ahora demuestra su talento en el transporte público de Managua.

Su niñez fue marcada por la pobreza. A los seis años fue un vendedor ambulante de golosinas en los mercados de Managua y en el viejo Estadio Nacional de Béisbol Dennis Martínez. Pero su pasión por la música siempre lo mantuvo firme: don Ramón Godínez asegura que su primer acordeón lo tuvo a los 10 años y se lo regaló el expresidente nicaragüense René Schick Gutiérrez (1963 -1966). «El que me enseñó adelantar bastante en la música fue José María Sandino», rememora sobre sus inicios en la música.

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Integrante del Grupo Libertad

Al paso del tiempo fue dedicándose más al acordeón y se unió a varios grupos musicales. Recuerda que llegó a trabajar a Radio Ya en el año 1996 en un programa llamado ‘Pichando de Lado’. «El que tocaba la guitarra en ese programa se llama Francisco Urbina que fue fundador del Grupo Libertad», nos cuenta don Ramón. El Grupo Libertad presentaba géneros revolucionarios mediante el uso de la sátira para referirse a la dictadura somocista. Una de las canciones más sonadas es «Con alegría y decisión defendemos la Revolución».

Francisco Urbina en ese entonces –según cuenta Ramón Godínez– tenía un amigo llamado Ramón Chavarría y le comentó que conocía a una persona que tocaba el acordeón. Luego formaron un grupo musical llamado ‘Los Hijos del Son‘, de género tradicional nicaragüense.

«Ramón Chavarría, Francisco Urbina, Enrique Duarte, Carlos José Quintero y yo», eran parte de dicho grupo musical afirma Godínez. Con mucho orgullo relata que participó en varias grabaciones musicales, una de ella es La Roconola de Caregato.

Ramón Godínez recibió un reconocimiento de distinciones a los artistas más destacados en el año 2007.

Su paso por la Radio Ya

Don Ramón Godínez era un fiel escucha del programa radial ‘Pichando de Lado’, pero su oído artístico le decía que faltaba un complemento musical en dicha transmisión ya que contaba solamente con una guitarra de sonaba de fondo para animar el ambiente del segmento. «Me fui a Radio Ya y hablé con Carlos Rodríguez, que era director del programa», cuenta.

Al llegar al medio radial de gran alcance en Nicaragua, le mostró sus inquietudes al director del programa y este le dijo que lo iban a poner en prueba para que lo escuchara tocar el acordeón el difunto periodista y disidente del FSLN, Carlos Guadamuz. «Te garantizo que te va a decir que sí», le aseguró en aquel entonces Carlos Rodríguez.

El hombre del acordeón logró la aceptación de los dirigentes de la radio y así cultivó a los oyentes con el instrumento de viento. «Fue una alegría para mí porque ese era mi sueño de trabajar en un medio de comunicación. Gracias a Dios lo logré», comparte con Nicaragua Investiga.

Ahora es el hombre que toca en los buses de Managua

Con un pantalón estilo de vaquero, una camisa a cuadros y con un acordeón negro marca Bellini se sube a los buses de Managua a tocar diversas canciones para seguir mostrando su talento. Llevaba más de 40 años, según él, que no tocaba en un bus público.

Don Ramón sostiene que no se sube al bus para que la gente tenga compasión por su ceguera, sino que lo hace para vivir del arte.

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«La gente en los buses confunde. Yo no me valgo de mi defecto físico, yo ejerzo el arte y yo quiero que la gente lo entienda porque yo no ando pidiendo. Todo el que anda en los buses con un reproductor, con una armónica o con una guitarra; no anda pidiendo, anda viviendo del arte y eso es lo que yo hago», aclara.

Dice que cuando sube en un bus toca el acordeón para que las personas disfruten de su talento, pero «no lo hago por lo que la gente me dé», insiste. Además si «toco una canción alegre, yo me alegro; si toco una canción romántica, me estoy haciendo romántico y si es triste, reflejo la tristeza», afirma.

La canción que le dedica a la esposa que perdió

El hombre que toca el acordeón quedó viudo de hace dos años, cuando su esposa presentó una complicación de salud y se le llenó de agua todo el cuerpo. Murió de un infarto en el Hospital Lenin Fonseca. Su cónyuge era no vidente, «pero era como que mirara porque ella cocinaba muy bien, ella lavaba, ella planchaba», la recuerda.

Estas palabras de don Ramón Godínez replican como las del escritor portugués, José Saramago, que escribió en su libro «Ensayo sobre la ceguera»: «Creo que no nos quedamos ciegos, creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven».

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Dice con nostalgia que recuerda aún a su esposa y no la ha podido olvidar. Y una forma de traerla a su memoria es cuando toca la canción Amor Eterno, de Juan Gabriel. «Me da tristeza cuando toco esa canción porque siento que me hace falta ella», dijo luego de suspirar profundamente. Tal vez es la forma, quizás, de sentirla a su lado cuando suena con mucha pasión el estribillo: «Tú eres la tristeza de mis ojos, que lloran en silencio por tu amor».

En el año 2007, Ramón Godínez recibió un reconocimiento de distinciones a los artistas más destacados del año por parte de la Asamblea Nacional, el Instituto Nicaragüense de Cultura y la Asociación de Artistas de Nicaragua Rafael Gastón Pérez. Esto fue por su aporte invaluable al arte y la cultura nacional, como honor y gloria a Nicaragua.

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