«A uno me lo mataron y al otro lo echan preso», la historia de Miguel Parajón y sus hijos

La vida de Miguel Parajón a partir del 2018 ha estado llena de dolor y sacrificios. Hoy lucha por su hijo, preso político, para no caer en depresión.

A Miguel Parajón la vida le quitó a su esposa, y el gobierno de Daniel Ortega a uno de sus dos hijos. Al segundo recientemente lo condenaron a 10 años de prisión por «menoscabar la integridad nacional». Desde hace más de un año la soledad es la que acompaña sus noches.

Miguel Parajón, de 66 años, es electricista y entre dichos comenta que el trabajo ha estado «bajo» pero se esfuerza para conseguir dinero y poder ir a El Chipote a dejar comida y agua a su hijo; su piel quemada por el sol, refleja los viajes diarios hacia la cárcel. Agitado, en su casa de habitación en el barrio María Auxiliadora de Managua, Parajón termina de recibir a un cliente, y se prepara para contar su historia.

A finales del 2017 su esposa perdió la batalla contra un cáncer en el esófago. Miguel afirma que los tantos años de vender baho en un mercado capitalino le pasaron factura. Desde entonces la vida empezó a ponerle en frente las batallas más difíciles. El dolor se agudizó meses después del estallido social contra el gobierno de Daniel Ortega; uno de los tantos manifestantes que salían a las calles y se atrincheraban dentro de las universidades era Jimmy Parajón de 35 años, su hijo.

Un mal augurio

El joven era mecánico de motocicletas y desde el inicio de las protestas se había integrado a ellas. Miguel Parajón no es pensionado, pero aún así alentaba a sus hijos a defender en aquello que creían. La última vez que lo vio, también lo aconsejó, casi prediciendo lo que pasaría un día después.

«A Jimmy lo miré por última vez el 10 de mayo. Vino en su moto y me dijo que iba para allá (a la Upoli). Yo le dije: tené cuidado porque andan francotiradores. Si hay alguien con cigarro o andás camisa blanca, sos blanco de uno de ellos», le dijo a su hijo, con base en experiencias adquiridas durante los conflictos armados de 1979.

Un día después, la madrugada del 11 de mayo del 2018, Jimmy Parajón, padre de cinco hijos, fallecía producto de un disparo en el costado izquierdo del tórax, según información recopilada por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

Un joven, amigo de Parajón que se encontraba junto a él al momento de su deceso relató ese mismo día más tarde, que lo último que lo escuchó decir fue «¡ay! me dieron», posteriormente cayó al suelo.

Algunos hijos de Jimmy aún visitan a Miguel Parajón, y la motocicleta que le pertenecía permanece en la sala de su casa como un recordatorio lúgubre de aquel fatídico día.

Persecución por exigir justicia

Su otro hijo es Yader Parajón, de 28 años, estudiante de la carrera de psicología en la Universidad Centroamericana (UCA). Este joven se encuentra en las celdas de El Chipote «sólo por exigir justicia por su hermano», dice Miguel.

A Yader Parajón lo detuvieron a inicios de septiembre del 2021 cuando intentaba cruzar a Honduras para exiliarse, ya que no soportaba la persecución a la que la Policía sometía a su padre y a él. Yader fue detenido por primera vez en el 2019, aunque fue liberado seis días después, sin embargo, «desde ahí no han parado y andaban buscando a mi muchacho», denuncia.

El hostigamiento policial se incrementó en el año 2020. «Aquí venían los policías y no me dejaban salir. Hubo uno que me preguntó ‘¿dónde está Yader?’. ‘No sé’ le dije. Yo no sé donde andaba el chavalo, seguro andaba en clases», recuerda.

Miguel Parajón, padre de Jimmy y Yader Parajón, rodeado de fotos de sus hijos. FOTO: NI
Miguel Parajón, padre de Jimmy y Yader Parajón, rodeado de fotos de sus hijos. FOTO: NI

Tras este episodio Yader Parajón dejó de vivir en su casa y tuvo que buscar refugio en otros lugares para evitar ser arrestado. Antes de esto, él ayudaba a su padre con la administración de una pulpería, que hoy en día atiende sólo cuando le queda tiempo. «A veces se lo cuido yo, pero ya casi no hay nada porque yo salgo a la calle y, ¿qué voy a vender?, pero ahí como Dios me ayuda yo recojo para ciertas cosas», expresa.

La noche que Yader partió de su casa fue un viernes a la medianoche, recuerda Miguel. Su hijo le dijo que iba «para el lado de Jinotega», mas no que iba a intentar cruzar la frontera. «Quizá por no afligirme, por no agobiarme», dice. El sábado siguiente recibió la noticia que a Yader Parajón lo detuvieron cerca de la frontera con Honduras.

Ese día Miguel Parajón recordó los consejos que le dio a su hijo antes de irse: «Yo siempre le dije que si se quería ir que tuviera cuidado. Que buscara puntos ciegos, qué se yo, pero no», relata, aún con impotencia.

Sentenciado a 10 años

Desde el día de su detención hasta hoy, Miguel Parajón asiste todas las mañanas a El Chipote para llevar agua, yogurt y jugos a su hijo, o al menos intentarlo. En ocasiones reciben sus insumos y otras no. Aún agotado, a sus 66 años, no se queja de hacerlo porque está consciente que su sacrificio es lo único que le queda a su hijo, pero sí admite que «ir a El Chipote es cosa seria».

«Yo voy todos los días a El Chipote, desde las 9:30 A.M. a veces me agarran dos botellas de agua por que les explico que yo no voy por la tarde, pero hay unos (policías) que son malcriados y no me las agarran», dice.

Condenan a 10 años al preso político Yader Parajón

Desde la detención de Yader en el 2021, su padre lo ha logrado ver solamente cuatro veces en visitas que le han permitido, y entre tensiones platican las dos horas que les conceden. Pero la antipatía de los custodios hacia ellos se siente desde que llega. «A él me lo tienen ahí, con la cabeza agachada y las manos esposadas. Es prohibido que vuelva a ver. Sólo puede levantar la cabeza hasta que llego», detalla.

La sentencia de 10 años hacia Yader no lo sorprendió porque ya se imaginaba lo que podría pasar, pero mantiene su firme convicción de la inocencia de su hijo, «a uno me lo mataron y al otro lo echan preso, pero los dos son inocentes, ellos no hicieron nada».

Evitando la depresión

Miguel Parajón ahora duerme una casa vacía que, hace al menos tres años y medio, estaba llena de calor familiar. Admite estar triste y sentirse mal por todo lo que ha vivido en los últimos años. Sin embargo, utiliza el mismo dolor para levantarse cada día y estar animado con la fortaleza para luchar por su único hijo.

Miguel Parajón sostiene en sus manos una fotografía de su hijo Yader Parajón, sentenciado a 10 años de cárcel. FOTO: NI

«Yo sólo tengo que aguantar y tener la fe en Dios que algún día él va a salir. Lo que pasa es que me he puesto fuerte y no me he deprimido, porque tengo por quien vivir, que es mi hijo que está preso, tengo por quien luchar, y voy a seguir ayudándole hasta donde yo pueda, porque si yo me deprimo o me enfermo, ¿Quién me va a ver a mi chavalo? ¿Quién me va a ver a mí? nadie», afirma.

Desde el año 2018 hasta esta fecha Miguel Parajón sólo ha tenido dos visitas con un psicólogo. Esta semana tenía planeado el tercer encuentro pero se retrasó por asistir a El Chipote y no pudo llegar a tiempo a su cita.

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