El régimen de Nicaragua inauguró el lunes 18 de mayo de 2026 el Hospital Pediátrico “Coro de Ángeles” en Estelí, una obra que según el Ministerio de Salud, está valorada en más de 1.147 millones de córdobas y cuenta con 117 camas, tecnología de alta gama —como tomógrafo con 128 cortes y equipamiento para múltiples subespecialidades— y capacidad para atención especializada en áreas como hematología, neurología, cardiología y cuidados intensivos.
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La apertura ocurre en medio de una persistente crisis de personal médico que limita la operatividad real de los servicios de salud en el país. Según datos oficiales analizados por una investigación de Connectas, entre 2015 y 2020 el sistema estatal solo incorporó 251 médicos, un ritmo equivalente al que Costa Rica logra en un solo año.
Además, informes independientes destacan que Nicaragua figura entre los países con menor densidad de personal de salud en América. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el país apenas se acerca a la mitad de la meta recomendada de 44,5 trabajadores de la salud por cada 10.000 habitantes. En el sector público, el promedio de personal sanitario creció de forma modesta entre 2015 y 2025, pero con estancamientos y caídas en varios años.
Crisis en el sistema público agravada por despidos políticos
Médicos y expertos consultados por medios independientes, como Confidencial, señalan que la escasez se agrava por despidos por motivos políticos (más de 400 desde 2018 según la Unidad Médica Nicaragüense), renuncias, emigración y plazas “congeladas” en el Ministerio de Salud. Esto genera sobrecarga laboral, esperas de meses o más de un año para cirugías y consultas especializadas, y atención insuficiente en regiones alejadas.
A pesar de estas limitaciones de recursos humanos, la dictadura sandinista ha priorizado la construcción y equipamiento de nuevos centros en León, Nueva Segovia y Chinandega, y los ha presentado como un avance en lo que llama Modelo de Salud Familiar y Comunitario.
Esta contradicción —expansión de infraestructura frente a una crónica falta de médicos— pone de relieve los desafíos del sistema de salud nicaragüense, donde la mayoría de la población depende de la atención pública pero enfrenta demoras y sobrecarga en los servicios disponibles.
Nicaragua Investiga



































