La dictadora nicaragüense, Rosario Murillo, anunció este miércoles la construcción de un nuevo hospital en Managua, una inversión de 135 millones de dólares que incluirá «siete edificios, 510 camas, 11 quirófanos y equipamiento de alta tecnología como tomógrafos y resonadores magnéticos». Según el anuncio, la obra se levantará en el Distrito VII y se entregará en el 50 aniversario del triunfo de la Revolución Sandinista, tras un largo plazo de tres años de construcción.
Murillo destacó el nombre del hospital en honor a Lesbia Carrasquilla, a quien describió como una militante sandinista cuya trayectoria representa “salud, vida, fuerza y esperanza” para el pueblo. El proyecto se suma a otras infraestructuras hospitalarias recientes promovidas por el gobierno.
Sin embargo, la expansión de infraestructura contrasta fuertemente con la grave crisis de personal médico que afecta al sistema de salud público nicaragüense. Según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), Nicaragua apenas alcanza la mitad de la recomendación de 44,5 trabajadores de la salud por cada 10.000 habitantes. Entre 2015 y 2020, el sistema estatal solo incorporó 251 médicos, un ritmo muy inferior al de países vecinos como Costa Rica.
Expertos y reportes independientes señalan que esta escasez se agrava por despidos por motivos políticos (más de 400 desde 2018), emigración de profesionales, renuncias y plazas congeladas.
El resultado es una sobrecarga para el personal restante, largas esperas para consultas y cirugías, y atención limitada especialmente en zonas alejadas, a pesar de que la mayoría de la población depende del sistema público.
Esta realidad plantea dudas sobre la capacidad operativa real del nuevo hospital una vez inaugurado, ya que la construcción de instalaciones no resuelve por sí sola la falta de médicos y personal especializado necesario para atender a los pacientes.
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