La postura de Luis Almagro frente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha registrado una de las metamorfosis políticas más pronunciadas de la diplomacia regional contemporánea.
Lo que durante sus años al frente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) se manejó con cautela verbal, búsqueda de entendimiento y rechazo a las sanciones drásticas, se ha transformado hoy —libre de las ataduras del cargo internacional— en un llamado explícito a la intervención de la justicia internacional e incluso al uso de la fuerza coercitiva.
La era de la prudencia diplomática (2016-2017)
Durante su mandato como Secretario General de la OEA, Almagro promovió una estrategia de trabajo directo con el régimen de Ortega. Entre 2016 y 2017, la Secretaría General firmó un Memorándum de Entendimiento con la administración sandinista para implementar una Misión de Acompañamiento Electoral, decisión que generó duras críticas por parte de sectores opositores que le exigían aplicar de inmediato la Carta Democrática Interamericana y calificar al Ejecutivo como una dictadura.
En aquel momento, Almagro justificó su pragmatismo argumentando que la función de la OEA no era emitir juicios políticos a priori, sino mantener abiertos los canales de negociación.
«El objetivo fundamental de la Secretaría General en su relacionamiento con los Estados miembros es el fortalecimiento de la institucionalidad democrática en Nicaragua… La OEA siempre estará dispuesta a trabajar con los países en la búsqueda de soluciones a través del diálogo y el entendimiento constructivo.», indicó Luis Almagro, en una Comunicación Conjunta de la OEA y el Gobierno de Nicaragua el 16 de octubre de 2016.
Bajo esa doctrina de moderación, el diplomático evitó de forma sistemática adjetivar la naturaleza del régimen, sosteniendo que romper puentes con Managua ahondaría el aislamiento del país sin ofrecer garantías democráticas a la ciudadanía.
Tras la crisis de 2018 Almagro no tuvo más remedio que reconocer que se había quebrantado el orden democrático pero mantuvo cautela con el apelativo de «dictador» y «dictadura» prácticamente hasta el final de su mandato, así como también una posición de llamados, condenas y comunicados y no de acciones concretas.
El aval a la extracción militar
Años después de que la represión de 2018 y el encarcelamiento masivo de opositores dinamitaran los acuerdos electorales, la posición del hoy exsecretario general de la OEA ha escalado de la denuncia de violaciones a los derechos humanos al respaldo de operaciones internacionales de captura contra Ortega.
En una reciente entrevista concedida al periodista Juan Cruz Castiñeiras para su canal de YouTube, Almagro —quien actualmente se desempeña en el ámbito privado y de la sociedad civil— equiparó la situación de Nicaragua con la de Venezuela y despojó a Ortega del escudo de la soberanía nacional:
«Para mí el dictador no encarna la soberanía de la nación, la soberanía de la nación radica en la nación justamente, radica en el pueblo y por lo tanto una acción como la que se hizo en Venezuela de extraer a un delincuente de esa magnitud es perfectamente válida y no es violatoria de ningún parámetro de soberanía nacional no tiene absolutamente nada que ver con eso», indicó.
Las paradojas del «pos-poder»
El contraste entre ambas posturas refleja la brecha existente entre el ejercicio de la diplomacia multilateral —donde las palabras están sujetas a los consensos estatales y los tratados de no intervención— y la libertad de discurso de la que gozan las figuras políticas tras dejar sus funciones oficiales.
Al declarar que un mandatario acusado de atrocidades pierde la representación de la soberanía, Almagro no solo busca redefinir los límites del Derecho Interamericano, sino que invalida el modelo de mediación pacífica que él mismo encabezó una década atrás, dejando sobre el tapete el debate sobre los vacíos e ineficiencias de la diplomacia tradicional frente a los regímenes autoritarios de la región que no se intimidan con los mecanismos actuales de estos organismos.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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