Este 4 de agosto de 2026 Rosario Murillo acusó a la oposición de vivir «como perros y gatos», en alusión a sus constantes diferencias. Sin embargo, durante sus inicios, el Frente Sandinista y sus «comandantes» no fueron precisamente diferetentes. La expulsión oficial de Daniel Ortega de las filas del partido es un hecho que se ha querido silenciar de la historia.
Los archivos históricos revelan una realidad fracturada por intensas disputas internas y purgas políticas en las que sus mismos protagonistas se acusaban entre sí de traidores, desertores y burgueses.
Fue en 1977, cuando la cúpula revolucionaria emitió una resolución de expulsión definitiva en contra del propio Daniel Ortega Saavedra y su hermano Humberto Ortega, así como al «mexicano» Víctor Tirado López.
Las tres facciones del FSLN
Para comprender este quiebre hay que remontarse a mediados de la década de 1970, cuando la organización guerrillera se dividió en tres facciones con tácticas y visiones de poder encontradas: la Guerra Popular Prolongada (GPP), la Tendencia Proletaria (TP) y la Tendencia Insurreccional o Tercerista.
La GPP, encabezada por figuras como Tomás Borge, Bayardo Arce, Pedro Aráuz Palacios y Henry Ruiz, promovía una guerra campesina de largo aliento inspirada en las experiencias de Asia. En contraste, la facción Tercerista, dirigida por los hermanos Ortega y Víctor Tirado López, apostaba por alianzas pragmáticas con la burguesía opositora, la clase media y sectores socialdemócratas para acelerar la caída del régimen somocista.
La expulsión pública
La tensión ideológica dio paso a enfrentamientos directos. Según documentación histórica revelada en investigaciones periodísticas de La Prensa, la dirección de la Guerra Popular Prolongada emitió en 1977 un comunicado formal en el que declaró la expulsión de Daniel Ortega, Humberto Ortega y Víctor Tirado López. La cúpula de la GPP los acusó tajantemente de ser «desertores y divisionistas», recriminándoles además su «ausencia de militancia sandinista en Nicaragua» por residir en Costa Rica y ejecutar acciones militares de forma autónoma sin acatar las directrices del mando central.
Las pugnas por el control de la vanguardia revolucionaria no se limitaron a los hermanos Ortega. Años antes, en 1975, la misma corriente dominada por Borge ya había arremetido contra los fundadores de la Tendencia Proletaria, catalogando al ideólogo Jaime Wheelock Román como un «teórico derechista» e imponiendo sanciones disciplinarias dentro de la estructura armada.
Un reporte de la agencia francesa de noticias AFP de la época revela más detalles de los alegatos de Tomás Borge y Arce para expulsar a los hermanos Ortega.
Los acusaron de encabezar una «conspiración interna mediano burguesa» que perseguía el objetivo de «dividir» al partido y hasta hablaron de la posibilidad de «sentenciarlos a muerte». El reporte menciona que el Frente Sandinista ya había ejecutado antes a cuatro desertores después de realizarles un juicio secreto.
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Carlos Fonseca tampoco quería a los Ortega
Las diferencias eran profundas: mientras Carlos Fonseca Amador criticaba a los terceristas por su «excesivo militarismo y su actitud de dejar el trabajo político en manos de la burguesía opositora», la Tendencia Proletaria descalificaba a los demás grupos por carecer de una verdadera formación marxista-leninista y centrarse en campañas propagandísticas desmedidas.
El documento de expulsión contra Daniel Ortega llevaba la firma de Tomás Borge y Bayardo Arce, aunque con el paso de los años varios de los firmantes intentaron matizar la severidad del acta y tratando de hacer que la gente la olvidara con el tiempo evitando referirse a ella.
Reconciliación por presiones
La reconciliación formal no ocurrió por un acuerdo doctrinario, sino por la presión del descontento popular y la necesidad táctica de unificar fuerzas en marzo de 1979 para lograr el derrocamiento de la dictadura somocista.
Revisar este episodio a la luz de la historia contemporánea expone una honda paradoja política. Quien en 1977 fue separado de las filas sandinistas bajo el estigma de «divisionista» y «desertor», terminó adueñándose en las décadas posteriores de la sigla partidaria, desplazando y purgando sistemáticamente a casi la totalidad de los mandos históricos que firmaron o respaldaron su expulsión.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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