En un giro narrativo respecto a sus habituales comparecencias multilaterales, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo presentó este sábado su intervención ante la 81.ª Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) apostando por una prudencia calculada. El mensaje oficial, emitido en la voz de su delegación diplomática, evitó de forma intencional señalar de forma explícita a Estados Unidos y prescindió por completo de mencionar a sus aliados estratégicos del bloque autoritario: Cuba, Venezuela e Irán.
Acostumbrado a instrumentalizar la tribuna internacional para lanzar ataques frontales contra el «imperialismo norteamericano» y denunciar supuestas agresiones contra los regímenes afines de Caracas, La Habana y Teherán, el aparato de propaganda sandinista recurrió esta vez a un texto genérico cargado de consignas abstractas sobre la «paz», la «soberanía» y la «autodeterminación».
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Un guion abstracto para evitar represalias
Lejos de la confrontación agresiva de años anteriores, la intervención nicaragüense navegó entre llamados conceptuales al «multilateralismo» y referencias retóricas a las injusticias globales. Sin embargo, en ningún apartado del pronunciamiento transmitido por los medios oficialistas se nombró directamente a la administración estadounidense, una omisión que analistas internacionales interpretan como un intento pragmático de rebajar la tensión con Washington y amortiguar el desgaste de las sanciones financieras y diplomáticas.
Más llamativa aún resultó la ausencia absoluta de referencias a los regímenes de Nicolás Maduro, Miguel Díaz-Canel o la República Islámica de Irán. La tradicional «solidaridad militante» que el régimen nicaragüense suele pregonar en la arena internacional quedó desplazada en un discurso que evitó comprometerse con las tensiones geopolíticas de sus socios clave.
Retórica interna para enmascarar la represión doméstica
Mientras el régimen vendía en Nueva York un discurso sobre «la alegría de vivir en paz», la realidad interna del país contrasta de forma radical con su narrativa externa. Diversos informes del Grupo de Expertos en Derechos Humanos de las Naciones Unidas (GHREN) denunciaron recientemente que la represión estatal en Nicaragua ha alcanzado niveles sin precedentes, marcados por el desmantelamiento del espacio cívico, la cancelación de personería jurídica a miles de ONGs, la persecución eclesial y la imposición de una hegemonía de partido único mediante reformas constitucionales violentas.
El uso de un lenguaje institucionalizado y desprovisto de sus habituales enemigos acérrimos en la 81.ª Asamblea General deja al descubierto la fragilidad diplomática del régimen: un discurso de consumo interno empaquetado para el exterior, donde el silencio intencional sobre Washington y la lejanía táctica de sus aliados evidencian el aislamiento y la vulnerabilidad de Managua en el escenario internacional.
Periodista Nicaragua Investiga



































