La trayectoria de la exalcaldesa de Managua y periodista nicaragüense, Daysi Torres, ha tomado un giro que muchos podrían califican como una racha de auténtica «mala suerte».
En menos de seis meses, la diplomática leal al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha saltado de un epicentro geopolítico a otro, viviendo en primera línea algunos de los momentos más tensos de la historia reciente de la región.
La extracción de Maduro y la paranoia de Ortega y Murillo
El drama diplomático de Torres comenzó formalmente en Caracas, donde ejercía como embajadora extraordinaria y plenipotenciaria de Nicaragua desde mayo de 2023. Sin embargo, su misión diplomática se vio sacudida de golpe el 3 de enero de 2026. Ese día, fuerzas especiales estadounidenses ejecutaron la «Operación Resolución Absoluta», logrando la captura y extracción del dictador venezolano Nicolás Maduro, quien enfrenta graves cargos federales por narcoterrorismo en EE. UU.
Se supo que la delegación diplomática nicaragüenses experimentó momentos de altísima tensión ante el colapso repentino de su principal aliado en Sudamérica. Pocas semanas después de este histórico quiebre, a finales de enero de 2026, el régimen Ortega-Murillo decidió retirarla de su puesto en Caracas.
Murillo revela terrible jugada que le hicieron a Daysi Torres
De un caos a otro
Lejos de una jubilación o un destino tranquilo, Torres fue enviada de inmediato a La Habana como nueva embajadora en Cuba. Pero el escenario en la isla caribeña no fue menos hostil. Coincidiendo con su llegada en febrero, la administración estadounidense incrementó drásticamente la presión política y económica sobre el gobierno cubano tras la caída de Maduro.
El paso de Daysi Torres por Cuba fue extremadamente efímero: el régimen nicaragüense ordenó su destitución fulminante en marzo, tras apenas 50 días en el cargo, en medio de un ambiente de máxima incertidumbre diplomática.
El regreso a Venezuela y los terremotos
Tras una breve rotación de nombres en las embajadas, la Cancillería nicaragüense optó por enviarla de regreso a su antiguo cargo: el pasado 6 de mayo de 2026, Daysi Torres fue nombrada nuevamente embajadora de Nicaragua en una convulsa Venezuela, ahora bajo la gestión interina de Delcy Rodríguez.
Murillo dijo en ese momento algo que causó revuelo: habían despedido a Torres porque estaba pasando un complicado momento de salud, y requería realizarse una cirugía en Managua. Reconoció que en lugar de darle un permiso especial para atender sus padecimientos, la corrió.
Pero esa humillación pública no fue lo peor para Torres.
Cuando parecía que la diplomática improvisada recuperaría cierta estabilidad en Caracas, la naturaleza le deparó su experiencia más dramática. El miércoles 24 de junio de 2026, el norte de Venezuela sufrió el impacto devastador de un doble terremoto histórico (de magnitudes 7,2 y 7,5 en la escala de Richter) con menos de un minuto de diferencia.
El histórico movimiento telúrico ha dejado un balance preliminar de cerca de 200 fallecidos, cerca de un millar de heridos y un colapso generalizado de infraestructuras críticas y servicios en la capital y el estado costero de La Guaira, lugar donde reside el grueso del cuerpo diplomático acreditado.
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