Nicaragua sigue profundizando su alianza con Moscú en medio de un escenario internacional cada vez más incierto. Apenas esta semana, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo impulsó dos nuevos acuerdos con Rusia: un tratado de extradición y otro de traslado de presos.
Estos pactos no llegan solos. Forman parte de una estrategia más amplia de acercamiento a Vladimir Putin, donde los nicaragüenses ofrecen lealtad y territorio a cambio de una especie de paraguas protector. Como explica el analista Kevin O’Reilly, quien fungió como Jefe de Misión y Encargado de Negocios de la Embajada de EE. UU. en Managua, la palabra rusa “krysha” (techo) describe precisamente esa dinámica: un poderoso que brinda protección a cambio de obediencia.
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— Nicaragua Investiga (@nicaraguainvest) June 15, 2026
«Ortega y Murillo dedican buena parte de sus energías en materia de política exterior a asegurar la krysha— mayormente ruso para la seguridad, y mayormente chino para una esperada diversificación económica que los aleje de la dependencia de Estados Unidos» escribió O’Reilly.
Una relación que viene de lejos
La conexión entre Managua y Moscú no es nueva. Se remonta a los tiempos soviéticos y se ha reforzado con acuerdos concretos en seguridad, inteligencia y cooperación militar. Entre ellos destacan un acuerdo de cooperación en seguridad de la información (2021), extensión de inmunidades para personal ruso en centros de entrenamiento policial, pactos de protección recíproca frente a tribunales internacionales y un tratado de asociación estratégica (2025).
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A cambio, Nicaragua se convierte en plataforma para la propaganda rusa en América Latina a través de medios como Sputnik y RT, y permite actividades de influencia menos visibles.
Los dictadores, ya en edades avanzadas, delegan cada vez más en su hijo Laureano Ortega Murillo para mantener estos lazos con Moscú y Pekín. Sin embargo, la realidad muestra que muchos de estos acuerdos son más simbólicos que sustanciales. Rusia, desgastada por su guerra en Ucrania, tiene recursos limitados para invertir en Centroamérica.
El riesgo del “techo que gotea”
Mientras Ortega y Murillo señalan a Washington como su gran amenaza —a pesar de que la economía nicaragüense depende fuertemente de las exportaciones y el turismo estadounidense—, el panorama político en EE.UU. se ha vuelto más impredecible con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.
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O’Reilly advierte que la protección rusa “siempre ha dependido tanto de la fanfarronería como de la sustancia”. Y pone ejemplos duros. Bashar al-Ásad refugiado en Moscú y Nicolás Maduro bajo custodia estadounidense. La pregunta incómoda que flota es hasta dónde llegará realmente ese “krysha” cuando lleguen las tormentas.
El régimen nicaragüense apuesta fuerte por la cobertura de Putin, pero el techo muestra señales de filtraciones. La historia reciente demuestra que las protecciones autoritarias pueden ser tan frágiles como el poder que intentan sostener.
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