El aparente éxito de las cifras económicas de Nicaragua esconde una realidad incómoda. Detrás del optimismo del régimen no hay una industria local más fuerte, sino una acentuada aceleración de la minería que expone al país a graves riesgos financieros y geopolíticos.
Según el último informe oficial del Banco Central, el país registró «exportaciones de bienes y servicios por el monto de 2,919.5 millones de dólares, superiores en 34.5 por ciento a las registradas en el primer trimestre de 2025». Aunque los números parecen robustos, el crecimiento es muy desigual. El Banco Central de Nicaragua (BCN) confirmó un «aumento de las exportaciones de minería (+155.5%)», un repunte espectacular que contrasta con el estancamiento de sectores que generan mucho empleo, como la «manufactura (+0.3%)» o la «disminución en las exportaciones de pesca y acuicultura (-2.6%)».
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Entrega récord a China
Este auge minero coincide con una agresiva entrega de tierras (extractivismo) que el sandinismo criticaba cuando era oposición. Investigaciones de la organización Fundación del Río señalan que el Ministerio de Energía y Minas ha otorgado el 8.5% del territorio nacional a consorcios de China, lo que equivale a más de un millón de hectáreas para la explotación de minerales.
Unas 15 empresas asiáticas operan a través de 71 lotes otorgados de forma exprés. Firmas como Thomas Metal S.A., Brother Metal S.A. y Zhong Fu Development S.A. controlan extensiones que superan el tamaño de los departamentos de Managua o Masaya, afectando incluso a áreas protegidas y territorios indígenas. Sumando a otras firmas, la minería ya amenaza el 14.64% de la superficie del país.
Los grandes riesgos de la dependencia del oro
Depender casi exclusivamente de la venta de una materia prima como el oro pone la estabilidad de Nicaragua en la cuerda floja, sobre todo después de que Estados Unidos sancionara a varias empresas mineras en el país por financiar la estructura del régimen. Esta situación desata tres alertas críticas para la economía que amenazan con desestabilizar los logros que presume el Banco Central.
El primer gran riesgo es el bloqueo para vender el oro en el extranjero. Para poder cobrar y mover el dinero que genera este mineral, se necesitan obligatoriamente bancos internacionales y mercados extranjeros de primer orden. Las sanciones de Estados Unidos funcionan como un candado financiero, lo que hace casi imposible transferir, mover o vender el metal de forma legal en los circuitos comerciales tradicionales.
A esto se suma un inminente freno a las inversiones extranjeras en otros sectores. El dinero de fuera que llega para financiar nuevos negocios podría congelarse por completo. Aunque el BCN reportó un «ingreso bruto de inversión extranjera directa (IED) de 961.4 millones de dólares, similar al registrado en igual período de 2025», las empresas ajenas a la minería tienen cada vez más miedo de operar en Nicaragua por temor a verse salpicadas o contagiadas por las penalizaciones financieras.
Finalmente, esta dependencia crea un «colchón de ahorros» engañoso en las arcas del Estado. El gobierno presume que el país tiene un fuerte blindaje porque «la balanza de pagos registró superávit de cuenta corriente de 939.0 millones de dólares» y las reservas de dinero «se ubicaron en 9,432.9 millones de dólares», lo que teóricamente da para pagar 9 meses de importaciones. El peligro real es que, como casi todos esos ahorros provienen de la fiebre del oro, si las sanciones logran cerrar ese mercado por completo, ese gran colchón de reservas podría vaciarse en muy poco tiempo.
En conclusión, los números en verde del Banco Central no reflejan un desarrollo sano ni duradero, sino una economía fuertemente dependiente de la extracción de recursos que ata el futuro de la nación a la minería y a los intereses de Pekín.
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