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Régimen dice que 98 de cada 100 nicaragüenses tienen empleo, pero oculta la miseria del subempleo

Régimen maquilla cifras de empleo. Ahora a las estadísticas le llama «tasa de ocupación» y cuenta hasta a los que trabajan gratis o a cambio de un tiempo de comida.

La propaganda del régimen de Daniel Ortega ha vuelto a recurrir a la manipulación de las cifras para vender un país de prosperidad inexistente.

Según el más reciente Informe de Empleo Mensual correspondiente a junio de 2026, presentado por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (INIDE), la «tasa neta de ocupación a nivel nacional fue 97.8 por ciento», mientras que el desempleo abierto presuntamente bajó al «2.2 por ciento».

En la práctica, el discurso oficial pretende hacer creer a la ciudadanía que 98 de cada 100 nicaragüenses tienen un trabajo garantizado y estable, desconectándose por completo de la angustia cotidiana de las familias que no logran completar el dinero para la comida.

Detrás de este espejismo estadístico opera un truco metodológico utilizado año tras año para maquillar la crisis. Para las instituciones del régimen, cualquier persona que realice una actividad informal, venda golosinas en las calles o preste ayuda en un pequeño negocio familiar sin recibir paga alguna, pasa a engrosar automáticamente la lista de personas «ocupadas».

La narrativa del «pleno empleo» no mide la dignidad del trabajo ni la capacidad del salario para cubrir la canasta básica; únicamente oculta que en Nicaragua la gente no puede darse el lujo de estar desempleada porque no trabajar un solo día significa, literalmente, no comer.

Managua: el epicentro del subempleo

El propio informe del INIDE termina desmontando la mentira oficial al detallar la calidad real de esos empleos. A nivel nacional, la tasa de subempleo se ubicó en un 39.9%, una cifra que en la capital alcanza niveles críticos. En el documento se admite de forma textual que «la tasa de subempleo se ubicó en 39.9 por ciento a nivel nacional (…); siendo 44.7 por ciento en el área urbana (45.6% en Managua)». Esto significa que casi cinco de cada diez trabajadores en Managua laboran menos horas de las que necesitan o perciben salarios miserables por debajo del mínimo legal, viéndose obligados a improvisar múltiples oficios para sobrevivir.

La precariedad golpea con tal fuerza a la capital que los indicadores de presión laboral se han disparado a niveles alarmantes. El informe oficial registra una «Tasa de presión general» del 14.6% en Managua, un porcentaje que contrasta fuertemente con el 8.6% registrado a nivel nacional. Esta métrica refleja a una masa masiva de trabajadores que, a pesar de figurar como «ocupados» en las cuentas del gobierno, buscan desesperadamente una segunda o tercera fuente de ingresos porque el dinero de su empleo principal no les alcanza para sostener sus hogares.

La informalidad y la falta de seguro social 

La estructura laboral del país no refleja un mercado próspero, sino un modelo de supervivencia donde la formalidad es la excepción y no la regla. Según los datos desglosados por el INIDE, apenas el 46.0% de los ocupados se desempeña como empleado u obrero asalariado. El resto de la masa trabajadora sobrevive en la vulnerabilidad total: un 36.8% trabaja por «Cuenta Propia» en el comercio informal, un 11.1% corresponde a «Trabajadores no remunerados» que laboran sin recibir un sueldo regular, y solo un 6.2% se ubica en la categoría de empleadores.

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Al sumar a quienes trabajan sin compensación económica con la enorme masa del sector informal, el resultado es que casi la mitad de la población activa del país carece de protección social. Estas personas no cotizan al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), lo que las deja totalmente desamparadas ante enfermedades, accidentes laborales o la perspectiva de una jubilación digna.

Una economía estancada en el comercio informal y el campo

La distribución de la fuerza laboral por actividades económicas ratifica la falta de desarrollo y la ausencia de empleo de calidad. El informe muestra que el trabajo en el país se concentra principalmente en la agricultura, la caza, la silvicultura y la pesca con un 24.9%, seguido por el comercio al por mayor y menor con un 23.1%, y los servicios comunales, sociales y personales con un 18.0%. En contraste, la industria manufacturera apenas capta un 10.0% y sectores como el financiero o la construcción registran aportes menores.

Entre las labores del campo y la reventa de productos en pulperías o tramos de los mercados se sostiene casi el 48% de la fuerza de trabajo en Nicaragua. Al analizar los datos a fondo, la conclusión es clara: la tasa de desempleo del 2.2% difundida por el régimen no es un logro económico, sino el reflejo de una sociedad empujada a la informalidad y al subempleo masivo para evitar caer en la miseria extrema.

Autor
Nicaragua Investiga

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