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10 datos poco conocidos sobre la huida y el exilio de Anastasio Somoza Debayle

La huida de Somoza no empezó el 17 de julio de 1979, sino muchos meses antes cuando perdió el respaldo de EEUU para seguir en el poder.

La madrugada del 17 de julio de 1979 marcó el fin de una dinastía de casi medio siglo en Nicaragua. Aunque la imagen del avión despegando de Managua es un hito de la historia nacional, los pormenores que rodearon los meses previos a la huida de Anastasio Somoza Debayle, así como las intimidades de su posterior exilio, albergan detalles poco divulgados. A partir de testimonios, registros históricos y las propias memorias del dictador, desentrañamos diez datos clave sobre este turbulento capítulo.

  1. Dos féretros históricos en el avión de la huida

Al momento de despegar rumbo al exilio en un avión de la aerolínea La Nica, la aeronave no solo transportaba a Somoza, a su hijo Anastasio Somoza Portocarrero y a su hermano José. En la bodega del avión viajaban dos féretros que contenían los restos de su padre, Anastasio Somoza García (fundador de la dinastía), y de su hermano mayor, Luis Somoza Debayle, quien también había ocupado la presidencia. El dictador se aseguró de desenterrar y llevarse los restos de su familia antes de abandonar el territorio. Al menos, es lo que reportó el Diario El País, en esa fecha.

  1. Una renuncia escrita a mano guardada por 17 días

La carta de renuncia irrevocable que Somoza leyó ante los medios no fue redactada de forma intempestiva. El dictador relató en su libro Nicaragua traicionada que llevó dicha misiva, escrita de su puño y letra, guardada en su bolsillo durante diecisiete días seguidos. Somoza retrasó la entrega de la carta mientras esperaba un acuerdo conveniente y garantías de protección por parte del gobierno de los Estados Unidos, quien le estaba presionando para renunciar tras el asesinato del periodista norteamericano Bill Stewart por parte de la Guardia Nacional.

  1. Altos funcionarios trasladados a Miami antes de la renuncia

Un avión Convair 880 voló diariamente entre Miami y Managua durante diez días seguidos para asegurar la salida del país de los miembros del Congreso. Esta fue una petición expresa que los propios diputados le hicieron al dictador cuando este les comunicó de forma anticipada su decisión de renunciar. Los parlamentarios y altos funcionarios muy cercanos a Somoza, conscientes de la inminente caída del régimen, exigieron ser evacuados hacia los Estados Unidos para su protección y evitar así caer en manos de las fuerzas del sandinismo.

  1. La acalorada discusión entre Somoza y su hijo en la pista

El retraso del despegue final en el aeropuerto de Managua provocó extrema tensión en el gabinete del régimen, mientras de fondo ya se escuchaban las balas de los combates cercanos. Según el tirano, la tardanza se debió a una fuerte discusión con su hijo, el teniente coronel Anastasio Somoza Portocarrero conocido como “El Chigüin” y comandante de la Escuela de Entrenamiento Básico de la Guardia Nacional (EEBI), quien supuestamente se rehusaba a abordar el avión porque argumentaba que no quería dejar abandonadas a sus tropas de élite.

  1. Las promesas incumplidas de Washington

Somoza accedió a abandonar el poder bajo una serie de promesas directas del embajador norteamericano en Managua. Los arreglos prometidos por los Estados Unidos incluían otorgarle una visa y residencia facilidades debido a que su esposa, Hope Portocarrero, era ciudadana estadounidense. Además, Washington le había prometido tratamiento de jefe de Estado, un cuerpo de seguridad para su custodia y garantías de que la Guardia Nacional se mantendría intacta como órgano de seguridad del país, compromisos que se rompieron a las pocas horas de su aterrizaje en suelo norteamericano.

  1. La expulsión de EEUU y la paranoia al aire

Tras darse cuenta de que Estados Unidos no cumpliría el acuerdo y procedería a expulsarlo, Somoza quedó temporalmente varado en Las Bahamas. Durante esos momentos de incertidumbre, otros países de la región, como Guatemala, también le cerraron las puertas y le denegaron el asilo político. El único gobernante que aceptó recibirlo fue el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, quien envió un avión de la línea aérea de su país para trasladarlo a Asunción.

  1. Cajas de oro y dinero en el Chaco paraguayo

La salida del clan somocista no fue un acto improvisado, y los rumores sobre el vaciado de las arcas del Estado cobraron fuerza a su llegada a Sudamérica. Testimonios de exoficiales de la policía paraguaya de la época detallaron haber visto a la comitiva de Somoza descargar pesadas cajas llenas de dinero en efectivo y lingotes de oro de los aviones. Esto alimentó una persistente leyenda urbana en Paraguay que asegura que parte de esa fortuna permanece enterrada en la inhóspita región del Chaco. Muchos aun la buscan.

  1. Un asilado incómodo, ostentoso y escandaloso

A pesar de su condición de exiliado político, Somoza se rehusó a mantener un perfil bajo en Asunción. El dictador derrocado y su amante, Dinorah Sampson, escandalizaron a la sociedad paraguaya al exhibir mansiones lujosas, fiestas extravagantes y autos Mercedes Benz blindados de última generación. Su presencia generó fricciones con los militares locales debido a sus agresivas e irregulares inversiones en agricultura y ganadería, adquiriendo incluso tierras protegidas que legalmente pertenecían a la reforma agraria de campesinos e indígenas paraguayos.

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  1. El coqueteo que enfureció al alto mando paraguayo

Más allá de la política y los negocios, las costumbres personales del nicaragüense incomodaron severamente al círculo íntimo de Alfredo Stroessner. Poco después de establecerse en el exilio, Somoza protagonizó un incidente de alcoba al empezar a cortejar abiertamente a una mujer que resultó ser la prometida del hijo de un general paraguayo de alto rango, desatando profundas molestias en la cúpula militar que le brindaba protección.

  1. El reloj que permitió su reconocimiento

En los meses previos a su asesinato el 17 de septiembre de 1980, Somoza había abandonado por completo la paranoia y las estrictas medidas de seguridad que lo acompañaron al salir de Nicaragua. Ignoraba los consejos de sus custodios de cambiar de rutas y se le veía relajado asistiendo a fiestas familiares locales. Tras el ataque definitivo con una bazuca ejecutado por un comando guerrillero argentino, el automóvil del dictador quedó completamente destrozado y su cuerpo irreconocible. Al final, las autoridades tuvieron que identificar sus restos gracias a las señas de un tatuaje y a un costoso reloj Rolex de oro y diamantes que le había regalado su padre.

 

Autor
Nicaragua Investiga

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