El régimen de Nicaragua promociona el desempeño económico del primer semestre de 2026 como un supuesto «liderazgo regional» sustentado en un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) del 4.1%. Sin embargo, las declaraciones del presidente del Banco Central de Nicaragua (BCN), Ovidio Reyes al oficialista canal 8 de televisión, deja al descubierto las grietas de la economía real: los sectores que generan trabajo formal y producen los alimentos del país atraviesan números rojos y un franco deterioro.
Caída agrícola y desplome en la maquila
A pesar de la narrativa oficial de abundancia, la producción agrícola interna no logra recuperarse. Reyes tuvo que admitir que el sector agropecuario acumuló contracciones consecutivas durante la primera mitad del año.
«El primer trimestre la agricultura (…) [registró] 2.4 en negativo y 2.9 en el segundo trimestre, y es El Niño el que está ocasionando este problema», reconoció el funcionario al referirse al impacto del clima en el campo.
Sus declaraciones contrastan con lo dicho por el INETER hace algunas semanas de que El Niño no causaría mayores afectaciones en el país.
A la crisis climática y productiva del campo se suma el severo declive en la industria textil y de manufactura. El sector de zonas francas —históricamente una de las principales fuentes de empleo asalariado y cotización al Seguro Social— sufrió una contracción del 10.1% en el primer semestre.
Reyes atribuyó este desplome a factores externos: «Ha sido no solamente resultado del comercio mundial, sino también pues de las políticas arancelarias de los (…) países industriales, principalmente los Estados Unidos», indicó.
Por su parte, la actividad pesquera tampoco escapa a la recesión. «La pesca viene pues pasando un mal momento, porque desde la reducción de la producción de camarones ahora se suma la de los peces que se fueron a agua más adentro (…) por resultado del calentamiento de las aguas», añadió el titular del BCN.
Extractivismo sobre producción
Si bien el monto total de exportaciones cerró el primer semestre en 5,132 millones de dólares —lo que representa un incremento interanual del 15.6%—, el crecimiento no responde a un fortalecimiento integral de la producción nacional, sino a la intensificación del extractivismo minero.
Las ventas al exterior estuvieron lideradas por el oro con 1,543 millones de dólares y el café con 629 millones de dólares. En contraste, rubros agrícolas tradicionales como el maní y el azúcar sufrieron reducciones o estancamiento en sus volúmenes de venta y precios internacionales.
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Informalidad sin protección
El punto de mayor sesgo en la narrativa oficial radica en la medición del mercado laboral. El presidente del BCN presumió una tasa de desempleo de apenas el 3.1%, afirmando que el 97% de las personas en edad de trabajar cuentan con una «ocupación».
No obstante, el propio Reyes desmanteló el mito del empleo formal al admitir la metodología con la que el régimen clasifica a la población activa:
«Y aquí empleo no es que les estén pagando como asalariado, sino que todo tipo de ocupación: los que trabajan por cuenta propia, los que tienen un negocio y los que están empleados», señaló.
Al equiparar el trabajo asalariado con cualquier actividad informal de supervivencia o servicios por cuenta propia —como la barbería o el comercio ambulante—, el Banco Central oculta la pérdida de puestos de trabajo formales en las zonas francas y la migración forzada de miles de nicaragüenses hacia la precariedad laboral sin prestaciones sociales ni estabilidad económica.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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