El Teatro Justo Rufino Garay, sala histórica de Managua fundada en 1979 por la dramaturga mexicana Lucero Millán junto a Enrique Polo, dejó de funcionar de forma independiente en marzo de 2026 tras una toma policial de sus instalaciones. Millán lo confirmó públicamente por primera vez el 5 de noviembre de 2026, en declaraciones ante Casa Centroamérica, en Ciudad de México.
Según su relato, el inmueble —ubicado junto al parque Las Palmas— fue ocupado sin orden judicial ni aviso previo. El equipo no pudo retirar equipos, archivos, escenografía ni materiales de trabajo. “El teatro, el espacio físico, nos lo confiscaron sin ninguna orden judicial, sin previo aviso”, afirmó. Añadió que también se apropiaron del nombre, aunque insistió en que “el Teatro Justo Rufino Garay somos nosotros”.
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La Asociación de Teatro Justo Rufino Garay había perdido su personería jurídica en agosto de 2022, cuando la Asamblea Nacional la canceló a solicitud del entonces Ministerio de Gobernación (hoy del Interior). A pesar de ello, la sala de 126 butacas y la escuela de actuación que operaba en el mismo edificio continuaron con programación de fin de semana y talleres hasta el cierre abrupto de marzo. El 13 de marzo el teatro anunció en redes que suspendía todas sus actividades “por motivos de fuerza mayor”.
Cinco meses después, el 23 de agosto de 2026, el régimen reinauguró el espacio bajo administración de la Cinemateca Nacional. La fachada fue pintada de rosado fucsia y se presentó como un nuevo recinto para la promoción del arte y la cultura impulsada por los copresidentes Daniel Ortega y Rosario Murillo. En el acto participaron funcionarios vinculados al oficialismo, entre ellos Idania Castillo, codirectora de la Cinemateca Nacional y exnuera de Ortega y Murillo. Desde entonces el lugar alberga actividades oficiales, muchas de ellas gratuitas y orientadas a familias.
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Millán, que dedicó más de cuatro décadas al proyecto en Nicaragua, explicó que tras la pérdida de la sede decidió trasladar la continuidad del trabajo a México. Desde allí ha presentado obras y sostiene que el teatro puede seguir existiendo con la pasión de quienes lo hacen, incluso sin el equipo completo ni la infraestructura original. “El teatro continúa cuando uno tiene la pasión por aquello que uno ama”, señaló.
El caso forma parte del patrón más amplio de cancelación de personerías jurídicas y toma de bienes de organizaciones civiles y culturales independientes en Nicaragua desde 2021-2022. El proyecto original montó decenas de obras a lo largo de su trayectoria y formó actores en una de las escuelas más consolidadas del país. Hoy el nombre y el edificio operan bajo control estatal, mientras la fundadora mantiene la actividad desde el exterior.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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