Por Jennifer Ortiz
Es extraño hacer esto para mí, pero por primera vez coincido con Moisés Absalón Pastora en relación con su opinión sobre los “influencers” sandinistas.
Es cierto, en sus palabras, que estos personajes se han hecho populares por comportamientos “bajos en moralidad y altos en repugnancia”.
Es verdad también que sus actos en redes sociales se reducen “a la vulgaridad y la patanería” y que estos espacios que han creado y que han conectado a tantos cientos de miles de usuarios hacen “aflorar lo más ruin del ser humano”.
Preocupa también, a como Absalón Pastora lo menciona, que estos personajes estén influyendo sobre tantos jóvenes, niñas y niños que se convertirán en “líderes” del país en un futuro próximo. ¿Qué Nicaragua nos espera?
Si cuando se hacían esfuerzos por alcanzar cierto nivel educativo y promover valores obtuvimos esta sociedad y esta clase política, la Nicaragua por nacer realmente asusta.
El “olvido” de Pastora
Pero hay un par de cosas que el señor diputado olvidó mencionar. Estos jóvenes “vulgares” a como él les llama, son personas en seria vulnerabilidad social. La mayoría ni siquiera terminó de cursar el plan básico de estudios (la primaria), y no saben leer ni escribir correctamente.
Uno de ellos, “La Joela”, vendía tortillas en un barrio pobre de Managua y lo sorprendió “la popularidad” tras grabar un video sobre su afán diario. Nada deseable para nadie. Víctima además de abuso sexual y de una epidemia que Daniel Ortega y Rosario Murillo prometieron combatir y no lo hicieron: la pobreza extrema.
En los barrios donde este mal endémico florece, la preocupación principal no es la escuela, ni los modales, desafortunadamente es la comida y la sobrevivencia de otros tantos males que trae consigo esa pobreza.
Rosario Murillo no ve esto como algo sobre lo cual ellos son responsables en parte. Por el contrario, como estratega de comunicación del régimen, reclutó a estos jóvenes, para aprovecharse de esas vulnerabilidades y exponerlos de esta manera al escarnio público en una bajeza moral de enormes proporciones.
Porque vamos a decirlo, es verdad, y lo sabré yo que me crié en un barrio marginal rodeada de toda clase de riesgos (pandillas, abusadores, gente vulgar) al final de cuentas es una decisión personal elegir en qué te convertís, pero es cierto también que cuando tenés hambre, necesidad e ignorancia y alguien con poder y dinero usa eso para encaminarte hacia un lugar indeseable, es más fácil caer.
No estoy justificando lo que pasa en Nicaragua con estos “influencers”. Algunos que tuvieron mejores oportunidades y educación me preocupan mucho. Como Augusto López, quien tiene una historia de superación que puede realmente inspirar a muchos jóvenes. Un muchacho pobre que se interesó por la belleza y el estilismo, se convirtió en rostro de uno de los canales de televisión más vistos del país y luego construyó un imperio de salones que ahora emplean a muchos nicas. ¡Es realmente admirable lo que había logrado!
Pero no eligió contar esa historia. Eligió contar orgías sexuales, vicios, malas palabras y convertirse en un discriminador de otros, que al igual que él, tienen una opción sexual distinta, al llamarles “cochones arruinados” y ofenderlos por su identidad de género.
En este punto destaco casos como el de Suyen Cortez, una periodista declarada abiertamente sandinista y antes, como parte de la planilla de canal 13 atraída por generar controversias y contenido de este tipo para encajar o llamar. Ahora decidió ser “influencer”, pero desde una mirada más constructiva, mostrando sus esfuerzos como madre soltera, su interés por la cocina y sus dilemas con la edad que alcanza a una mujer con las dudas y temores que esto despierta. Y le ha ido bien, sin necesidad de recurrir al morbo ni la vulgaridad. Insisto, cada quién elige en qué se convierte.
Murillo y su estrategia ruin
Pero no es eso lo que Murillo quiere poner en la agenda pública y en el debate en redes sociales. Murillo no quiere que los nicaragüenses hablen sobre la represión, sobre la escasez de agua en los barrios, sobre los carísimos recibos de luz, un negocio que su familia engorda a base de la miseria de miles de ciudadanos que deben elegir entre comprar suficiente comida o pagar cuentas de más de 5 mil córdobas por un servicio deficiente.
No quiere que hablemos de que ella y su marido, al igual que Somoza, tienen a todos sus hijos en puestos de gobierno o que la comida cada vez es más difícil de pagar con los miseros salarios que devengan los nicas. Ni siquiera quiere que se hablle de cosas menos fuertes, pero positivas al fin, como consejos de salud, tecnología, datos de Nicaragua.
Ella quiere que se hable de drogas, de sexo, de brujería, de violencia, de obscenidades, que son los temas que salen a relucir en estas “casas de famosos nicas”. Así definió la agenda de sus “influencers” que conscientes o no, forman parte de su estrategia de distracción ruin. Pero que tristemente resulta. Moisés Absalón Pastora es víctima de esa estrategia. Mientras sus en vivo apenas conectaban a unos cien espectadores, estos influecers enlazan a 70 mil.
Muchos quizá guiados por la “onda del momento”, renuncian a usar su popularidad y alcance para ser buenos ciudadanos y hablar sobre valores, respeto, patriotismo, o cualquier otro tema que forme y no deforme a nuestros muchachos que carentes aún de sentido común, ven eso todo el día todos los días creyendo que es normal y que es “cool” y que hasta sueñan con ser vulgares, lujuriosos e irrespetuosos algún día.
Reflexionen para realmente influir
Pero esto no es solo una crítica a estos muchachos y muchachas que no ven el daño que se hacen y el importante papel que juegan al incidir entre tantas personas, pues se convierten en factor de cambio para el país y puede ser un cambio positivo o negativo. Es también una critica a las audiencias que pueden ser capaces de ver en esto algo productivo en lo que dedicar su tiempo.
Es una crítica a la Nicaragua que se está construyendo, pues al comparar los influencers de hace 8 años atrás (Iván Peña, Celia Camacho, Nadia Vado, Xiomara Blandino, Berta Valle, entre otros) con estos de hoy, es claro que lo que se ha perdido es sentido de responsabilidad con la gente a la que le hablamos.
Mi mayor llamado a estos jóvenes es a recordarles su valor humano. Estoy segura que son más que esto terrible que están entregando. Estoy segura que pueden inspirar más contando cómo vencen esos obstáculos de la pobreza, del abuso, de la discriminación que las obscenidades que tristemente han tenido que ver sus madres y familiares en una pantalla, seguramente apenadas.
Y a Murillo, un llamado también, deje de aprovecharse de estos pobres muchachos y muchachas, dejé de darles casas confiscadas para que graben atrocidades y den pan y circo a un pueblo al que quiere distraer de la realidad. Ya hundió a sus hijos, ya se hundió a sí misma. Ayude a que estos muchachos sean una influencia positiva y ya que se hacen llamar “sandinistas” sean unos representantes dignos para su partido y no una antítesis de todo lo que nadie quiere ser algún día.
Nicaragua Investiga



































