En una nueva fase de consolidación del poder y simbolismo dinástico, el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha generado una intensa controversia tras la publicación de carteles oficiales para celebrar el «Día de las Madres» y la «Semana de la Niñez».
Las piezas gráficas, que circulan masivamente en medios oficialistas y redes sociales, no utilizan ciudadanos comunes, sino que están centradas exclusivamente en la figura de la co dictadora Rosario Murillo y los miembros de su círculo familiar más cercano, principalmente Camila Ortega y su hijo de tres años.
Rosario Murillo dice que Dios le entregó «dones superiores» para vencer
Camila «la favorita»
El primer cartel, lanzado en el marco del Día de las Madres Nicaragüenses, muestra a Rosario Murillo en un plano principal, acompañada por Camila y su nieto. El hijo de tres años de Camila que ha acompañado a los dictadores en múltiples eventos oficiales.
El diseño, bajo el lema «Fuerza del Amor – ¡Siempre más allá!», se interpreta como una declaración de propiedad simbólica sobre el concepto de familia nicaragüense. Es decir, se venden como un ejemplo de familia, a pesar de las denuncias de abuso sexual de Zoilamérica y las constantes diferencias que Murillo tiene con sus hijos y nueras a quienes humilla y somete.
Es curioso, que a pesar que Rosario Murillo tiene a otra hija de su lado, Luciana Ortega, a esta la excluyen por completo. Luciana es adoptada.
Más que una campaña publicitaria aislada, esto parece una reafirmación del control total. El uso de la propia familia para representar a la nación es una característica histórica de los regímenes dinásticos, donde la frontera entre los bienes y figuras del Estado y los de la familia gobernante desaparece por completo.
Los “herederos” al marketing recurrente
El segundo cartel, diseñado para promover la Semana de la Niñez Nicaragüense (del 01 al 07 de junio), presenta nuevamente la imagen del hijo de Camila. La fotografía, que utiliza la estética oficialista del portal El 19 Digital, muestra al menor con el brazo en alto, un gesto que en el contexto nicaragüense evoca la simbología de la militancia partidaria.
Otro dato curioso es que Ortega y Murillo tienen al menos 31 nietos aceptados, pero solamente usan al hijo de Camila en su propaganda, excluyendo al resto.
Este uso de la imagen infantil familiar cobra especial relevancia tras las recientes declaraciones de Murillo, quien en una alocución pública leyó una lista con los nombres de sus 31 nietos. En dicha intervención, la vocera del régimen expresó su deseo de que todos ellos hereden el «don de servicio» a la patria, lo que fue recibido por sectores críticos como la formalización de una sucesión familiar en el poder.
Un «Sultanato» en una “revolución”
Activistas opositores han señalado que el régimen ha pasado de un autoritarismo partidario a una estructura de «Sultanato», donde la lealtad de sangre es el requisito primordial para la gestión pública. Al colocar a sus nietos en carteles estatales, los Ortega-Murillo envían un mensaje claro: la continuidad del sistema descansa en su linaje.
“Es la institucionalización del nepotismo gráfico”, afirma un activista de derechos humanos desde el exilio, quien por temor a represalias contra su familia en Nicaragua nos pidió el anonimato. “Mientras miles de familias nicaragüenses están separadas por la migración forzada o la prisión política, ellos se presentan como la única familia sagrada y eterna de Nicaragua”, concluyó.
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