La co dictadora de Nicaragua Rosario Murillo expresó su ira descontrolada en contra de los medios de comunicación que el pasado 5 de agosto difundieron sus declaraciones cuando tuvo un lapsus y confesó que estaban en el poder para «robar» y para «saquear».
En un discurso confuso que pretendía dirigirse a los opositores, Murillo se vio perturbada y confundida por su rabia, la cual le impidió concentrarse adecuadamente y construir oraciones coherentes. Fue en ese momento, que en lugar de acusar a sus adversarios, su subconsciente la traicionó y habló de su propia familia: «Hemos sido perseguidos, han querido abatirnos, pero aquí estamos para robar, para saquear», indicó.
Otra vez su ira la hace equivocarse
Tres días después Murillo reacciona con ira en contra de quienes expusieron su lapsus. «Lo ponen a uno diciendo lo que uno no ha dicho, falsean las palabras, falsean los mensajes que uno hace en un intento de descalificar, de desacreditar, pero quién va a creerles semejantes garrafaladas», dijo Murillo quien se ha caracerizado también por destruir el idioma, pues la palabra «garrafaladas» no está aceptada por la Real Academia de la Lengua Española.
A pesar que Murillo trabajó en su juventud por muchos años como secretaria de Pedro Joaquín Chamorro, en uno de los períodicos de mayor prestigio del país donde se exigía un dominio prolijo del lenguaje, recurre a inventar con frecuencia palabras y frases que atentan contra la gramática. También dijo que quienes la atacan padecen de «apatridismo», otra palabra no reconocida oficialmente en el idioma español. La palabra correcta es apátridas.
También dijo que solo ellos difunden las «verdades verdaderas», un vicio del idioma que se llama cacofonía, y que se describe como repiticiones innecesarias de palabras, pues obviamente no puede haber verdades mentirosas. A pesar de sus constantes errores de pronunciación y gramática, los que incluyen uso inadecuado y excesivo de mayúsculas en los comunicados que redacta para diferentes instituciones, Murillo acusa a otros de no usar «el cerebro».
«Ellos se caracterizan por usar esa estrategia, y no es estrategia, porque la estrategia tiene que ser inteligente, la estrategia debe de usar el alma y luego el cerebro. Ellos la mentira la propagan como verdad», señaló.
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