El aislamiento diplomático y la condena internacional contra el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo ya muestran una grieta profunda en las arcas del Estado.
El más reciente Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre de 2026, publicado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público (MHCP), revela un colapso estrepitoso en las donaciones de la cooperación internacional, las cuales cayeron un dramático 89.8 % en comparación con el mismo período del año anterior.
Entre enero y marzo de 2025, el Sector Público No Financiero percibió C$ 21.6 millones de córdobas en concepto de donaciones no reembolsables. Sin embargo, para el mismo período de 2026 esa suma se redujo a tan solo C$ 2.2 millones.
El colapso de la cooperación internacional no es un hecho aislado de este año, sino el reflejo de un desplome continuo y acelerado. El mismo informe destaca que en el primer trimestre de 2024 el país aún percibía C$ 37.7 millones de córdobas en donaciones a fondo perdido. En apenas dos años, los recursos regalados por la comunidad internacional sufrieron un recorte acumulado del 94.1 %.
Impuestos y endeudamiento para compensar
Este cierre del grifo de la ayuda internacional no reembolsable no es casual. Responde al repudio de los países cooperantes tradicionales y organismos multilaterales ante las continuas violaciones a los derechos humanos, el encarcelamiento de opositores y el desmantelamiento de la democracia en Nicaragua. Al perder el respaldo de la cooperación, la dictadura ha tenido que echar mano de dos vías para mantener a flote la maquinaria estatal: la asfixia tributaria y el endeudamiento.
El documento presupuestario muestra cómo el régimen compensó la pérdida de donaciones aumentando la presión sobre la economía de las familias y negocios. Los ingresos tributarios del Gobierno Central se dispararon un 28.8 %, alcanzando C$ 58,803.3 millones de córdobas en el trimestre.
Este incremento fue impulsado principalmente por un cobro agresivo del Impuesto sobre la Renta (IR) que creció un 43.6 % y del Impuesto al Valor Agregado (IVA) que subió un 14.6 %. En la práctica, lo que los países democráticos dejaron de donarle a Nicaragua, el régimen se lo sacó del bolsillo a los comerciantes, trabajadores y consumidores.
A la par de la extorsión fiscal, el saldo de la deuda estatal sigue acumulándose. Al cierre de marzo de 2026, el saldo de la Deuda Pública Total alcanzó los 10,983.3 millones de dólares. De este monto, el 81.2 % (US$ 8,923.6 millones) corresponde estrictamente a deuda pública externa —asumida por el Estado, el Banco Central y empresas públicas—, mientras que los restantes US$ 2,059.6 millones corresponden a deuda pública interna. En tan solo tres meses, el saldo acumulado de la deuda pública total creció en 291.4 millones de dólares.
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Una falsa celebración del régimen
A pesar de que el Ministerio de Hacienda celebra un «superávit» presupuestario de C$ 27,809.6 millones, la falta de cooperación internacional expone la fragilidad de un modelo económico aislado. Los recursos recaudados no se traducen en un alivio para la ciudadanía, sino en el pago de intereses de préstamos y el sostenimiento del aparato burocrático.
La caída del 89.8 % en las donaciones interanuales confirma que la represión del régimen tiene un costo real y tangible. Al quedarse sin aliados internacionales dispuestos a financiar proyectos sin costo para el país, la dictadura ha trasladado la factura completa del Estado a los nicaragüenses, quienes pagan impuestos más altos mientras la deuda pública sigue aumentando.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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