Los bancos privados de Nicaragua operan con depósitos récord y utilidades al alza, en un país sometido a sanciones, aislamiento diplomático y una crisis política que no se ha cerrado desde 2018.
Al cierre de julio de 2026, los depósitos del público superaban los 300.813 millones de córdobas, un salto interanual de 14,4%. La cartera de crédito rondaba los 248.325 millones, con un aumento de 11,7%. Esas cifras coinciden con lo que el presidente del Banco Central, Ovidio Reyes, presentó como un hito de “confianza” y “estabilidad” en una comparecencia en medios sandinistas. Lo que no aparece en esa lectura oficial es quién captura el margen.
«Las personas apuestan por el país. Los depósitos, por ejemplo, del sistema financiero nacional, gracias a esa estabilidad, han venido creciendo a más de un 10% y hoy alcanzan una cifra grande, más de 300 000 millones de córdobas» dijo Reyes al oficialista TN8.
Remesas respaldan liquidez
El sistema no está vacío de liquidez. Las remesas sostienen el flujo de dólares. El régimen también aparca decenas de miles de millones de córdobas en el BCN y en la banca comercial. Ese dinero barato —gran parte a la vista o en cuentas de ahorro— se convierte en créditos, títulos e inversiones. Las utilidades del sistema ya venían creciendo a doble dígito a inicios de 2026. Banpro, Lafise, BAC y el resto del oligopolio concentran la mayor parte de las cuentas y del saldo. Tres entidades manejan casi el 95% de las cuentas de depósito.
¿Estabilidad o maquillaje? La trampa del Banco Central que encarece la vida en Nicaragua
Ese negocio prospera en un entorno político hostil. Washington y Europa mantienen sanciones a funcionarios, empresas y redes ligadas al poder. El país está fuera de buena parte de la cooperación tradicional. La inversión pública se ha recortado en favor de un “colchón” fiscal y de reservas que el régimen exhibe como escudo. Mientras tanto, tres de cada cuatro trabajadores siguen en la informalidad y el crédito no llega con la misma facilidad a hogares y pequeños negocios que a quienes ya están dentro del circuito formal.
Reyes atribuye el récord a que “las personas apuestan por el país”. Otra lectura, más seca, es que con pocas alternativas de inversión, con un mercado financiero concentrado y con un Estado que prefiere ahorrar en los bancos antes que ejecutar obra, la intermediación se vuelve un negocio extraordinariamente rentable. Los banqueros no necesitan un clima político abierto para ganar. Necesitan depósitos y un regulador que no les corte el oxígeno.
El crédito crece, pero más lento que los depósitos. Parte de la liquidez se esteriliza en letras del BCN o se queda en reservas. El sistema gana dos veces, pues cobra por prestar y cobra por prestarle al Estado. En plena presión contra Ortega, esa máquina no se detuvo, se agrandó.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
Nicaragua Investiga



































