La contundente reacción internacional y la ruptura del silencio diplomático en Centroamérica parecen estar forzando un recule estratégico en la narrativa de la dictadura. Tras el rechazo expresado por los gobiernos de Costa Rica, Panamá y Guatemala a las pretensiones de liquidar el voto popular, así como los contundentes comunicados de Estados Unidos y la ONU, la codictadora Rosario Murillo aseguró en su alocución meridiana para intentar matizar el alcance de las reformas constitucionales anunciadas por Daniel Ortega.
En un evidente esfuerzo por contener el impacto político de haber anunciado el fin de las votaciones, Murillo aseveró que el régimen no pretende erradicar las elecciones, sino sustituir el modelo multipartidista por elecciones «diseñadas y organizadas» a la medida del Frente Sandinista.
«La historia de nuestros procesos electorales que aquí fueron fraguados, diseñados, dirigidos, orientados por los Estados Unidos, ese es el tipo de elecciones que no volverán jamás a Nicaragua (…) Elecciones sí, pero elecciones propias, y cuando decimos propias son de nuestro pueblo bendito, diseñadas, organizadas desde nuestra soberanía nacional», aseguró la vocera del régimen.
Una explicación que no cuadra
A pesar del tono triunfalista de su intervención, los anuncios de Murillo revelan la falta de novedades jurídicas reales y delatan que el régimen intenta presentar como una «nueva reforma» mecanismos de exclusión que ya aplica de facto y de forma arbitraria desde hace años.
En su discurso, Murillo ratificó que las reformas que prepara la Asamblea Nacional y el Consejo Supremo Electoral buscan legitimar un sistema electoral cerrado donde no quepa la oposición, justificándolo bajo el argumento de que los opositores desnacionalizados no podrán participar.
«Vamos trabajando las reformas para elegir a nuestras autoridades nacionales, municipales con los candidatos que decide el pueblo nicaragüense, y con las condiciones que establece el pueblo nicaragüense, aquí todos los que ya no son nicaragüenses no tienen nada que hacer en un proceso como ese», sentenció.
Sin embargo, el argumento de Murillo resulta redundante y absurdo, dado que la dictadura ya había despojado formalmente de sus derechos políticos y la nacionalidad a más de 300 opositores, académicos, periodistas y defensores de derechos humanos en 2023 (entre ellos los grupos de los 222 y los 94), inhabilitándolos a perpetuidad para postularse a cargos públicos.
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Un «control de daños»
El rechazo explícito emitido en días recientes por Costa Rica, la decisión de Panamá de llamar a consultas a su embajador y la condena formal emitida este 22 de julio por la Cancillería de Guatemala terminaron por acorralar la narrativa oficialista, demostrando que la intención de liquidar formalmente el sufragio cruzó un límite inaceptable para la diplomacia hemisférica.
Citando declaraciones previas del presidente de la Asamblea Nacional, el sancionado Gustavo Porras, Murillo admitió que el régimen ajusta los plazos para presentar la propuesta impulsada por Ortega y aseguró que Estados Unidos busca elecciones para ejercer influencia sobre el Estado.
«Los imperialistas con las elecciones tratan de avasallar e imponer su poder sobre el pueblo», afirmó.
«Recordaba cuando vimos a un embajador norteamericano, que hablaba como mexicano, además, y que andaba repartiendo gallinas, y repartiendo comida con los candidatos de ellos, de sus partidos, candidatos para procesos electorales impuestos a su gusto y antojo y eso es lo que no va a volver», agregó.
Mismo modelo de partido único
Más allá de la modulación verbal de Murillo, el fondo del proyecto no cambia: la dictadura busca ratificar un modelo político anticonstitucional que erradica la alternancia democrática, garantiza la permanencia indefinida de la familia Ortega-Murillo en el poder y convierte a las instituciones armadas y judiciales en garantistas del monopolio del FSLN.
Al cerrar su intervención, la codictadora reiteró el cerrojo político para cualquier expresión disidente que aspire a la democratización del país: «Aquí no podrán volver jamás y mucho menos participar en elecciones, como decía el comandante».
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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