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Dora María Téllez contra Mónica Baltonado: el dilema de la izquierda disidente sobre Trump

La disidencia de la izquierda nicaragüense se confronta: una parte de ellos acepta el respaldo de EEUU y otra se rehúsa. El debate toma su curso y su tiempo, mientras el pueblo dentro de Nicaragua vive la represión más cruda.

Mientras la Organización de Estados Americanos (OEA) convoca a reuniones de emergencia para estrechar el cerco sobre el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, y sectores de la oposición de derecha presentan en Washington una «hoja de ruta» buscando el respaldo directo de la administración de Donald Trump, dentro de la izquierda disidente nicaragüense se ha profundizado una grieta histórica: ¿Es legítimo aliarse con el «imperio» para deponer a una dictadura dinástica, o constituye esto una traición a la soberanía nacional?

Dos de los rostros más emblemáticos de la izquierda que rompió con el orteguismo personifican hoy este debate. Por un lado, la Articulación de Movimientos Sociales (AMS), —liderada por la exguerrillera Mónica Baltodano y su hija—, que rechaza con vehemencia cualquier asomo de intervención gringa. Por el otro, la comandante guerrillera Dora María Téllez, quien aboga por un pragmatismo descarnado donde el fin de la dictadura antecede a cualquier pureza ideológica.

Cuando EEUU presionó la salida de Somoza

Para comprender la complejidad de este debate, es indispensable desenterrar un capítulo de la historia nacional que el discurso oficial del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) ha intentado borrar: en su tramo final, la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza Debayle contó con la presión decisiva de Washington para propiciar la salida del tirano.

En sus memorias escritas desde el exilio, tituladas reveladoramente Nicaragua Traicionada (1980), el propio Somoza Debayle confesó con amargura cómo el gobierno estadounidense de Jimmy Carter le retiró todo respaldo político, económico y militar. El dictador escribió:

«Mi patria, mi pueblo y yo fuimos traicionados… yo fui traicionado por un aliado de muchos años en quien confiaba… Nicaragua fue traicionada».

Somoza denuncia en su libro haber sufrido un ahogamiento diplomático de enorme proporción. Relata que la carta de renuncia irrevocable que finalmente leyó en julio de 1979 estuvo guardada en su bolsillo, escrita de su puño y letra, durante diecisiete días. Retrasó su entrega únicamente esperando garantías de seguridad de un Washington que le exigía dimitir, especialmente tras el brutal asesinato del periodista norteamericano Bill Stewart a manos de la Guardia Nacional.

La asfixia militar estadounidense fue tal que incluso impidió que Somoza se reabasteciera de armas a través de terceros países. Sobre el frustrado cargamento de armamento procedente de Israel, el derrocado dictador plasmó en su obra:

«Debido a la extrema presión ejercida por los Estados Unidos, Israel tomó la decisión de devolver el barco a su puerto de origen. En algún lugar de Israel existe un gran cargamento de armas y municiones que podría haber salvado a Nicaragua», escribió el dictador.

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Con esas armas Somoza pensaba reabastecer a la Guardia que se había quedado sin municiones para combatir la creciente ola de guerrilleros.

La ironía histórica es total: el FSLN llegó al poder en 1979 bajo un escenario pavimentado por la presión de los Estados Unidos sobre la Guardia Nacional y la dictadura somocista. Solo cuando la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional y la cúpula del Frente Sandinista consolidaron un alineamiento explícito con la Unión Soviética y mostraron un rumbo completamente marxista-leninista, la administración estadounidense suspendió la ayuda económica inicial y pasó a financiar a la contrarrevolución.

Las Baltodano y el NO total a EEUU

Cuarenta y siete años después, ante una dictadura que emula los peores vicios del somocismo, la Articulación de Movimientos Sociales (AMS) se planta en el extremo opuesto de cualquier solución que provenga de Washington. A través de un pronunciamiento leído públicamente por el activista Jimmy Gómez Rivera, la AMS repudió «enérgicamente toda propuesta de bloqueo naval o intervención militar extranjera para resolver la crisis de Nicaragua» .

Para la coalición —donde figuran personajes históricos como Irving Larios y la exparlamentaria Lludely Aburto — apelar a la tutela de la administración de Donald Trump o del Secretario de Estado Marco Rubio es repetir un patrón histórico humillante. El documento condena duramente a los sectores opositores de derecha que buscan el cobijo de la Casa Blanca, lamentando:

«…la reiteración de un patrón histórico entreguista que al mejor estilo de Adolfo Díaz implora a Washington y a sus fuerzas militares que les entreguen el poder de Nicaragua a espaldas de la sociedad y sus aspiraciones de cambio verdadero».

La AMS sostiene de manera tajante que «resulta indefendible [y] fuera de discusión cualquier propuesta que, sin atisbo de vergüenza y memoria histórica, plantee acciones militares unilaterales o multinacionales» donde una potencia extranjera decida «con nombre y apellidos quiénes serán los miembros de la junta de transición nacional» . Para esta corriente, la caída de los Ortega-Murillo debe ser gestada desde abajo: «sacar a la dictadura de Ortega-Murillo es tarea primordial de los y las nicaragüenses con apoyo de la comunidad internacional» . La organización confía en que el pueblo nicaragüense, «así como hizo con Somoza, será nuevamente capaz de derrocar la más cruel dictadura de América Latina» .

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Dora María Téllez más flexible

Al otro lado del espectro disidente se encuentra la comandante Dora María Téllez. Su visión parte de un diagnóstico crudo y desprovisto de romanticismo sobre la realidad material del país ofrecido en un foro en ocasión del 50 aniversario del Diario El País, de España.

Tras pasar 605 días en aislamiento en la cárcel de El Chipote, Téllez sostiene que el régimen de Ortega y Murillo ha ejecutado de manera quirúrgica la «desarticulación total del tejido social como estrategia» , barriendo con partidos, ONGs, medios de comunicación y la propia Iglesia Católica.

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Bajo este estado de terror total, donde el control dinástico se ha blindado constitucionalmente a través de la copresidencia familiar, Téllez considera que apelar a la «pureza antiimperialista» es un lujo que la población nicaragüense, sumida en la miseria y el exilio, no se puede permitir. En una reciente disertación en España, Téllez analizó el impacto de la intervención en Venezuela de manera frontal:

«A mí hay gente que me dice: “¿Pero cómo se pueden alegrar de que los Estados Unidos haya sacado a Maduro?”. Yo digo (…) si uno se pone en los zapatos del pueblo venezolano puede entender perfectamente que la gente aplauda eso»

Para la exguerrillera, las tibias condenas internacionales y las sanciones individuales de la Unión Europea son inútiles, pues la dictadura de Ortega y Murillo «se abanican con la sanción de la Unión Europea… se las soplan olímpicamente» . En este escenario de orfandad democrática, la administración de Estados Unidos se perfila como el único poder fáctico que muerde: «¿Quién está actuando en política internacional en América Latina? Son los Estados Unidos… Me guste o no me guste, es el que está haciendo política ahí», expresó.

Téllez rechaza que la lucha actual deba encasillarse en los debates europeos o tradicionales de izquierda y derecha:

«Para nosotros, Venezuela, Cuba y Nicaragua, los problemas no son entre izquierda y derecha (…) Nuestro problema es entre dictadura y democracia. Si tuviéramos democracia, entramos al siguiente problema y ahí matémonos, está perfecto, pero no tenemos», indicó.

El dilema ético de la transición

El debate expuesto en las posiciones de la AMS y Dora María Téllez sintetiza el gran dilema de la transición democrática en Nicaragua.

Por un lado, la AMS defiende un principio ético e histórico innegable: una democracia tutelada por una potencia extranjera por lo general, nace hipotecada. Pero se enfrenta a una pregunta de difícil respuesta en la práctica: ¿Cómo se organiza una resistencia popular interna cuando el régimen ha convertido el país en un inmenso penal donde el espionaje, la confiscación de pasaportes y el destierro son el pan de cada día?. La AMS no ha ofrecido una propuesta, solamente una queja.

Por el otro lado, Téllez abraza el realismo geopolítico: ante un enemigo implacable que no cederá el poder por vías cívicas voluntarias, cualquier factor externo que debilite el andamiaje dictatorial es un recurso legítimo para abrir una grieta transicional. El riesgo de esta postura es claro: dejar el destino de Nicaragua a merced de un actor extranjero.

Mientras el debate continúa la represión real la viven mayoritariamente los nicaragüenses secuestrados dentro del país. Sin duda para ellos, la urgencia se vive más desesperadamente que en las mesas de conversación que se arman desde el exilio.

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*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.

Autor
Nicaragua Investiga

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