Tras años de férrea prohibición de las manifestaciones religiosas en las calles, el régimen Ortega-Murillo cedió de manera imprevista y autorizó a última hora la procesión en honor a San Jerónimo, patrono de los masayas. La medida ocurre en medio de la sostenida presión internacional que demanda libertad religiosa en el país, aunque la venia oficial no llega sin condiciones: la actividad se realiza bajo la estricta vigilancia y custodia de la Policía Sandinista.
El anuncio formal fue realizado durante la misa de la mañana de este 30 de septiembre por el párroco de la Iglesia de San Jerónimo, presbítero José Antonio Espinoza, quien pidió a los devotos mantener la compostura y acatar el acompañamiento de las fuerzas del orden.
«Agradezco también al Comisionado General Orlando Castro que siempre hemos tenido buena coordinación año con año en esta fiesta de San Jerónimo (…). Hoy sale la procesión de San Jerónimo, vamos a ir a la parroquia Nuestra Señora de la Asunción. Les pido que respeten a los que van a cargar y les pido que respetemos también a nuestras autoridades que nos van a acompañar en el recorrido, les pido eso por favor», expresó el religioso ante la feligresía.
Rosario Murillo alude al evento tras años de vetos
Por su parte, la vocera y auto impuesta copresidenta del régimen, Rosario Murillo, también confirmó la festividad durante su habitual alocución del 29 de septiembre, recurriendo a su característico lenguaje oficialista para intentar desvincular el despliegue de las prohibiciones impuestas en años anteriores.
«Celebramos las promesas cumpliéndose de San Jerónimo Doctor, las fiestas más vibrantes allí en Masaya», aseguró y agregó estas festividades religiosas que buscan fomentar «la fe, la hermandad, la bondad» entre las iglesias y congregaciones del país.
Desde la crisis sociopolítica de 2018, la dictadura prohibió sistemáticamente las procesiones católicas en todo el territorio nacional por temor a que la multitudinaria concentración de ciudadanos se convirtiera en un espacio de protesta y expresión de inconformidad popular.
Aunque en los últimos tres años la dictadura ha enfrentado fuertes presiones de organismos de derechos humanos y de la comunidad internacional para restablecer la libertad de culto, la autorización a última hora de esta histórica procesión en Masaya no representa un cheque en blanco. Expertos y defensores advierten que, lejos de restituir plenamente los derechos ciudadanos, el régimen ha optado por intervenir directamente en la organización e imponiendo un despliegue policial que asegure el control total de las calles.
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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