La crisis humanitaria en el Caribe y el abandono del Estado tras el paso de ETA

ETA arrasó con todo. Los comunitarios no tienen casas, ni comida, ni agua, ni ropa. Incluso los cocos están escaseando y los pobladores claman por ayuda a las autoridades

En Bilwi ha dejado de llover, el sol ilumina las calles de la ciudad abarrotadas de escombros, árboles caídos, tablas viejas y láminas de zinc que ETA arrancó de las casas. A siete días del paso del huracán, los residuos están amontonados en las esquinas y aceras de cada calle a la espera de que una cuadrilla de la Alcaldía de Puerto Cabezas los recoja y se deshaga de ellos.

El huracán llegó al sur de Bilwi la tarde del martes 03 de noviembre, tal y como señaló el Centro Nacional de Huracanes de los Estados Unidos, contradiciendo la versión de las autoridades del SINAPRED e INETER que aseguraron en conferencia de prensa a las seis de la mañana de ese trágico martes que ETA ya había tocado tierra.

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En Bilwi la destrucción fue total en la zona costera. El mar y los vientos se llevaron casas y negocios completos, algunas permanecen parcialmente destruidas y otras están siendo reparadas, mientras el resto de la ciudad trata de volver poco a poco a la cotidianeidad y las ferreterías se mantienen repletas de clientes buscando materiales para componer sus viviendas.

Por las calles y la costa merodean camiones del Ejército de Nicaragua, Defensa Civil, Cruz Roja y otras instituciones pero no se ve que haya un esfuerzo por llevar ayuda a los más necesitados. Salvador Vanegas, Ministro Asesor presidencial en temas de educación aseguró la semana pasada que al menos 1,706 centros de educación estarían funcionando como albergue en la Costa Caribe Norte, Costa Caribe Sur, Triángulo Minero y en los municipios de El Cúa, San José de Bocay y Wiwilí del departamento de Jinotega.

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Bilwi quedó casi incomunicado pues todo a su alrededor está inundado y no hay manera de salir o de entrar que no sea por lancha, kayuko o bote. Los camiones, buses y todo vehículo que busque llegar a Bilwi, debe quedarse a orillas del Río Wawa, a 44km de Puerto Cabezas. El desborde de este rio tiene inundada la comunidad de Betania y los pobladores de la zona cobran 50 córdobas por cruzar a los viajeros en sus lanchas.

Para llegar a Bilwi se debe cruzar el Río Wawa en lancha y pasar a través de la comunidad Betania que se mantiene totalmente inundada – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

A pesar de la desgracia en Bilwi, lo peor no está en esa ciudad, si no en sus comunidades. A dos horas en lancha hacia el sur de Puerto Cabezas se ubica la comunidad de Wawa Bar en donde habitan 450 familias. Absolutamente todas perdieron sus hogares, la comunidad quedó completamente devastada.

ETA en Wawabar

Leo Henríquez es un joven comunitario de Wawa Bar y estuvo en su comunidad cuando el huracán impactó frente a su casa, a unos 200 metros de la costa. El joven miskitu relata que ETA se tomó 18 horas para devastar esa localidad. «De repente vino el viento. Nos atacó. Estaba sacando el zinc de la casa y comenzó a crecer el agua».

A pesar de que su casa estaba sobre tambos como la mayoría de hogares en la Costa Caribe, las olas del mar entraron a la comunidad y a su casa, así que en medio del huracán tuvieron que moverse hacia un terreno más alto para resguardar su vida.

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«Cuando vi que venía por la cintura (el agua) nos montamos en una lancha» y se fueron a un refugio que los comunitarios habían montado en la zona más alta de la comunidad. Durante el trayecto al refugio fue que Henríquez pudo ver lo devastador que estaba siendo ETA.

Parte de la destrucción que dejó ETA en Wawa Bar – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

«Vino el viento, se los llevó todos los techos, las casas estaba botando fuerte». De las 450 familias, 150 no pudieron salir de la comunidad y tuvieron que esperar el embate de ETA, algunos se refugiaron en casas de sus vecinos. Henríquez comenta que se dividieron en grupos de 15 personas por casa y había muchos niños y personas mayores.

Luego hubo un momento de calma, recuerda el joven miskitu, y fue cuando un grupo de la Fuerza Naval del Ejército de Nicaragua llegó a la comunidad. «Nos dijeron que iba a dar vuelta el huracán», así que las 150 familias fueron trasladadas de emergencia hacia un albergue en Bilwi. Sus vidas estaban en peligro.

El albergue al que fueron trasladados fue el que se instaló en el Colegio Verbo, en el barrio Loma Verde. Al menos 900 personas originarias de Wawa Bar se encontraban refugiadas ahí hasta el domingo 08 de noviembre que fueron removidos a la Escuela Normal Gran Ducado de Luxemburgo en el barrio Buenos Aires de Bilwi.

Leo Henríquez volvió a su comunidad pero no encontró su hogar. El mar se lo había llevado – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Wawa Bar irreconocible

En el albergue de Bilwi permanecieron por dos días, y el jueves 05 de noviembre regresaron nuevamente a Wawa Bar. Candida Tevas Velásquez es otra de las comunitarias afectadas y narra que al llegar el jueves a su comunidad «yo ni sabia cuál era la entrada, por dónde tenía que llegar». Wawa Bar estaba irreconocible, ni siquiera sabía en donde quedaba su casa pues todas quedaron destruidas, árboles caídos, tanques y pozos de agua dañados, letrinas rebalsadas y animales muertos.

Candida Tevas evacuó hacia Bilwi el martes junto a sus tres hijos y volvió el jueves al igual que Henríquez. Ambos eran vecinos y ninguno de los dos encontró su casa, el mar se las había llevado y solo pudieron encontrar algunas pertenencias entre el lodo y el agua putrefacta que dejó ETA.

Los comunitarios buscan sus pertenencias en medio del lodo y las aguas putrefactas – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

«Cuando vinimos a buscar la casa no estaba, todas nuestras vacas, nuestros cerdos muertos, perritos que tenemos todos fallecidos» relata Henríquez y agrega que los comunitarios decidieron hacer una fosa común para enterrar a todos los animales muertos. Desde vacas y cabras, hasta cerdos y perros ahogados, aplastados por un árbol o golpeados por los escombros que lanzaba ETA.

El hedor de los animales muertos era insoportable en la comunidad por lo que una parte de los cadáveres fueron lanzados al mar y otra parte los enterraron. Motivados por el hambre de cinco días sin comer, algunos de los comunitarios todavía rescataron parte de la carne de algunos de los animales putrefactos para alimentarse.

Hasta el momento, los comunitarios se han alimentado con lo poco que han encontrado entre los escombros. Incluso los cocos están escaseando.

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Durante el recorrido que hizo Nicaragua Investiga en esta comunidad, encontramos a un comunitario con un pedazo de coco en la mano buscando una vaca que habían destazado para tomar un poco de carne y alimentarse. El poblador no encontró la vaca, ya había sido lanzada al mar.

Todos los comunitarios de Wawa Bar han perdido sus hogares – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

En Wawa Bar ya son siete días sin agua, del albergue solo pudieron traer algunas botellas que en el momento de las entrevistas estaban por acabarse. «Nos quedamos sin casa, estamos viviendo en casa de una vecina que todavía no fue destruida» detalla Leo Henríquez, y enfatiza en que no todos los comunitarios han regresado, solo una pequeña parte «porque si vienen aquí no tienen casa para vivir. Solo los responsables de las casas han venido» a ver qué pueden recuperar.

La poca cantidad de agua que tienen en la comunidad es de color amarillento, está sucia y se mezcló con el agua salada del mar, por lo cual no es consumible. Sin embargo, hay personas que beben de esta agua por el nivel de sed que sienten, e incluso toman el vital líquido de tuberías contaminadas o aguas negras.

Menores de edad no pueden con la sed y toman agua de tuberías contaminadas. Algunos ya han presentado diarreas y otros padecimientos, según el relato de los comunitarios – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Velásquez comparte el sentir de Henríquez y del resto de comunitarios. «Nos quedamos sin vivienda (…) tenemos problema con el agua porque ahorita los barriles algunos tienen problemas (destruidos) y los que tienen agua es agua salada. Nosotros venimos aquí para ver si recuperamos algo de lo que se perdió así como la madera, los zincs para poder hacer champas. No tenemos ropa, no tenemos comida, no hay agua y pues no hay vivienda».

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Diralda Boden tiene 60 años y es otra comunitaria afectada. Ella no habla español pero en miskitu expresa claramente el sufrimiento que le provoca ver su comunidad devastada. La casa de Boden quedó sin techo, destruida por dentro y todas sus cosas perdidas. Aún hay pertenencias que puede salvar pero tiene miedo de ingresar a su hogar que está tambaleándose en los tambos. Si pone un pie en el piso de tabla, la casa puede venirse abajo.

Boden relata que ella y las otras 9 personas que habitan en su casa, evacuaron hacia una pequeña finca que tienen en Bilwi y que cuando volvieron, su casa «no estaba como la dejamos (…) nuestra vivienda no era así. Estaba lleno de agua y agradecemos a Dios que no hubo perdidas de vidas humanas, pero seguimos pidiéndole a la gente ayuda».

Diralda Boden tiene temor de entrar a su casa que se mantiene tambaleándose e inéstable – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Karatá, otra comunidad devastada

A una hora y media en lancha desde Bilwi, la comunidad de Karatá se ubica frente a una pequeña laguna del mismo nombre que se forma con agua del océano atlántico. Eta también pasó por esta comunidad en donde habitan 100 familias y al rededor de 800 personas.

Marcos Glasco Francis es miembro del equipo de Defensa Civil de la comunidad de Karatá y asegura nunca haber visto un huracán con tanta agresividad como ETA. El comunitario relata que los habitantes de esta localidad tuvieron que refugiarse en distintos puntos durante el paso del huracán y otros sí pudieron salir hacia Bilwi para refugiarse en la Escuela Normal Gran Ducado de Luxemburgo, en donde se encuentran albergados habitantes de las comunidades costeras Wawa Bar, Karatá y Haulover.

Uno de los refugios fue en una pequeña clínica ubicada en el centro de la comunidad. «La clínica tenía capacidad para 20 personas y la verdad ahí había como 60 personas incluyendo niños de 8 días de nacidos hasta una señora que tiene más de cien años» comenta Glasco Francis y otro comunitario de nombre Narciso Dixon lo confirma. «Éramos 60 personas ahí dentro».

Este es el interior de la pequeña clínica donde se refugiaron algunos de los comunitarios de Karatá. Su capacidad es para 20 personas, pero fueron 60 las que tuvieron que albergarse ahí – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga
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Karatá también está viviendo una crisis humanitaria debido a que sus pobladores no tienen comida, ni agua, tampoco ropa y si bien los daños han sido menores en comparación a Wawa Bar, también hay personas que han perdido sus hogares y lo poco que tenían.

Glasco Francis también señala que muchas personas quedaron afectadas psicológicamente por el embate de ETA y necesitan atención. Cuenta que algunos pobladores apenas ven que el cielo se nubla, creen que se trata nuevamente de un huracán que llega a destruir todo a su paso.

Parte de una casa de la comunidad de Karatá fue arrasada por ETA – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Comunitarios se sienten abandonados por el Estado

Históricamente, el Estado de Nicaragua ha dejado en el olvido a centenares de comunidades indígenas pero ese abandono lo están sintiendo hoy más que nunca. Marcos Glasco Francis de la comunidad Karatá detalla que «nadie del Ejército, no vino nadie de nada. Ni Defensa Civil», y tampoco hubo evacuación de personas.

Lo único que hicieron las autoridades fue alertarles del huracán y decirles que tenían que salir para resguardarse en Bilwi pero no les garantizaron el transporte y tampoco víveres, según el relato de Glasco Francis.

«Yo lo miro como que nos tienen abandonados la verdad porque yo no he visto que venga el Ejército ni Defensa Civil o alguien que nos venga a decir algo. Desde martes hasta ahorita no ha venido nadie. Yo me siento como abandonado» expresa el comunitario.

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Así quedó la pequeña clínica que funcionó de albergue a los comunitarios de Karatá – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Narciso Dixon, también de Karatá cuenta que «todito quedó destruido. No hay casa buena (…) no hay comida ni agua. No ha venido el gobierno ni alcaldía ni otro» a ofrecerles apoyo para reconstruir sus casas o al menos para dejarles víveres.

El sentimiento es el mismo en la comunidad de Wawa Bar, donde sus habitantes tampoco han recibido ayuda. Solamente el sábado 07 de noviembre llegaron trabajadores de la Alcaldía de Puerto Cabezas para hacer un censo y conocer lo que había perdido pero no les ofrecieron una respuesta concreta ante su petición de ayuda.

«Llegaron unas personas a dejarnos un poquito de comida pero seguimos necesitando más ayuda», comenta Diralda Boden. Las personas que llegaron a dejar alimentos fueron miembros de Ejercito de Nicaragua, dice Cándida Tevas pero lo único que les dieron fue una pequeña porción de arroz y aceite, más nada. «Escuché que el gobierno nos iba a apoyar pero que solamente iba a ser arroz y aceite lo que nos iba a estar dando (…) no hemos recibido nada de información de si nos va a construir las casas» enfatiza la comunitaria.

Todas las casas de Wawa Bar quedaron completamente destruidas – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

La crisis humanitaria provocada por ETA y por el abandono del Estado a estas comunidades está empezando a dejar niños enfermos. Según los comunitarios, hay menores de edad con diarrea y en situación de hambre en ambas comunidades y hasta el momento el gobierno no ha presentado o informado sobre un plan de asistencia para todas estas familias en situación precaria.

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De hecho, el presidente Daniel Ortega en su discurso del pasado 08 de noviembre dijo que el huracán ha dejado daños que son «reparables» y que no ha habido ninguna víctima mortal en el país, sin embargo dos mineros murieron en un deslave provocado por las lluvias de ETA la tarde del martes, cuando el huracán ya estaba en territorio nacional.

«Lo que se produjo fue deslizamiento en la actividad minera antes del huracán. Esto puso aprueba lo que hemos enfrentado y demostrado en los últimos años» dijo Ortega y a su vez aseguró que las autoridades habían evacuado a todas las comunidades y les estaban brindando la asistencia humanitaria que requerían, lo cual se contradice con todo lo expresado por los comunitarios.

En Wawa Bar fue hasta el lunes 09 de noviembre que las autoridades repartieron agua, comida, colchonetas y demás insumos, pero no eran suficientes, se acabaron muy rápido y no todos los comunitarios pudieron ser beneficiados.

Los comunitarios están bebiendo agua sucia y contaminada. Hay varias personas enfermas – Hans Lawrence Ramírez/Nicaragua Investiga

Lo que sí hizo el gobierno ese mismo lunes fue brindar un informe de daños en donde detalla que casi 2 millones de personas estuvieron expuestas al huracán y supuestamente se evacuaron a un total de 71 mil 145 personas y se albergaron a otras 47 mil 297  en al menos 325 centros escolares habilitados para funcionar como albergues.

Todas estas personas eran originarias de la Costa Caribe Norte, Triángulo Minero, Nueva Segovia, Jinotega y Chinandega. «Los daños se centraron en infraestructura social, líneas vitales y pesca artesanal: quedan 1,890 viviendas destruidas; 8,030 viviendas con daños parciales» notificaron las autoridades en su informe. El gobierno también estima que las perdidas en términos económicos asciende a  C$6,128.4 millones de córdobas.

Sin embargo Narciso Dixon de la comunidad Karatá, mantiene la esperanza de que el gobierno los voltee a ver y les brinde la ayuda necesaria. «Voy a esperar que la ayuda llegue cuando ayude el presidente (…) un día nos va a ayudar el presidente (Daniel Ortega) ahorita no hay (ayuda) pero otro día yo creo que ayude el presidente».

Por ahora, las familias de Wawa Bar, Karatá, Halouver y todas las comunidades afectadas claman por ayuda mientras otra amenaza ya apunta hacia sus costas, la tormenta tropical Theta, la cual podría convertirse en huracán e impactar en los próximos días en el Caribe Central, según informó el Centro Humboldt.

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