El panorama de las grandes fortunas en Nicaragua ha dado un vuelco histórico. Durante más de un siglo, el escalafón de la riqueza en el país estuvo reservado de forma exclusiva para linajes empresariales tradicionales, con apellidos como Pellas, Ramírez u Ortiz a la cabeza.
Sin embargo, una reciente y exhaustiva serie investigativa del diario La Prensa revela un fenómeno sin precedentes: en menos de dos décadas, la familia presidencial de Daniel Ortega y Rosario Murillo ha erigido un opulento imperio económico valorado en al menos 2,500 millones de dólares, una cifra que los coloca compitiendo directamente —e incluso rebasando en liquidez directa— a los magnates tradicionales del país.
Otras cifras incluso, son menos conservadoras y apuntan a que Ortega y Murillo tendrían un patrimonio de más de 5,000 millones de dólares. Auditar ese patrimonio es sumamente difícil por la opacidad predominante en el país y el control absoluto del régimen.
Para poner esta cifra en perspectiva, la fortuna de Carlos Pellas (presidente del Grupo Pellas y considerado históricamente el hombre más rico de Nicaragua) se estima en un rango similar, situado entre los 2,700 millones y 3,000 millones de dólares de acuerdo con revistas especializadas. Lo extraordinario de este nuevo mapa de la riqueza no es solo la paridad de los montos, sino el abismo que existe en el origen, los métodos y el tiempo que le tomó a cada familia construir sus respectivos patrimonios.
Siglos de herencia vs. Dos décadas de poder
La acumulación de capital en Nicaragua ofrece dos modelos radicalmente opuestos: el capitalismo corporativo de tradición familiar y el enriquecimiento exponencial al amparo del control absoluto del Estado. Aunque los Pellas, así como otras familias de la élite empresarial, se aprovecharon de su poder económico para obtener beneficios fiscales y otros incentivos que les permitieron aumentar su capital, es cierto también que construyeron toda esa fortuna a lo largo de más de siglo y medio de empresariado y ahí radica la principal observación y escándalo del enriquecimiento desmedido de los Ortega-Murillo.
Carlos Pellas y 150 años de consorcios empresariales
Para que la familia Pellas consolidara un patrimonio de miles de millones de dólares, tuvieron que pasar cinco generaciones y casi un siglo y medio de actividad comercial. La base de su fortuna comenzó a gestarse a finales del siglo XIX (1890) con la fundación de la Nicaragua Sugar Estates Limited y el Ingenio San Antonio, seguidos por la destilería del mundialmente reconocido ron Flor de Caña.
A lo largo de 135 años, este grupo empresarial familiar diversificó sus inversiones de manera progresiva hacia la banca (el antiguo BAC), los seguros, la salud privada (Hospital Metropolitano Vivian Pellas), los bienes raíces de lujo y la tecnología regional (GBM). Su trayectoria ha estado marcada por la institucionalidad corporativa, la gestión de marcas internacionales y la sucesión hereditaria regulada.
La dinastía Ortega-Murillo: Un salto cuántico sin herencias
El caso del matrimonio gobernante rompe con cualquier lógica de mercado tradicional. Antes de retornar a la presidencia en el año 2007, ni Daniel Ortega ni Rosario Murillo contaban con herencias familiares de relevancia, propiedades de gran envergadura o una trayectoria laboral en el sector privado que justificara la acumulación de capital. Todo lo conocido a nivel patrimonial por parte de esta familia, es de hecho, lo tomado durante el masivo proceso confiscatorio de los años 80.
Sin embargo, en tan solo 19 años en el poder, la familia ha construido un entramado de más de 22 empresas en sectores estratégicos de la economía. El «combustible» principal de este despegue meteórico, según la investigación de La Prensa, fue la apropiación discrecional de la millonaria cooperación petrolera de Venezuela a través de Albanisa. Entre 2007 y 2016, el país recibió cerca de 5,000 millones de dólares bajo este concepto, de los cuales al menos 500 millones anuales habrían quedado bajo el control sin fiscalización de la pareja dictatorial.
Ahora si los números menos discrecionales son ciertos, los Ortega-Murillo encabezan a la élite millonaria del país y si los datos de La Prensa, más conservadores, aciertan, están a poco de sobrepasar a los Pellas y quitarles el histórico primer puesto, aunque considerando que solo se tomaron 19 años en alcanzar ese lugar, estaríamos hablando de la fortuna más grande jamás obtenida en tiempo récord.
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