En la carrera por el respaldo del Gobierno de los Estados Unidos para la eventual salida de la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, los sectores de la derecha nicaragüense han tomado una decisión tajante: avanzar en un proyecto de transición propio y mantenerse al margen de los movimientos de izquierda y progresistas.
La estrategia responde a un cálculo geopolítico y a la búsqueda del aval directo de la administración de Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, bajo la premisa de que una alianza ideológicamente diversa resta credibilidad ante Washington.
Fuentes vinculadas a la oposición exiliada confirmaron bajo condición de anonimato a Nicaragua Investiga que la comisión del bloque derechista ya entregó sus documentos ante el Departamento de Estado, siguiendo recomendaciones explícitas de desmarcarse de corrientes progresistas.
«La recomendación es que el gobierno de Trump es cerrado contra la izquierda, progres y todo tipo de izquierda, especialmente Marco Rubio porque ya conoce cómo es la izquierda (…). Les han pedido que se alejen de esa gente de izquierda», aseveró la fuente, agregando que dentro de las 12 organizaciones firmantes del plan se trabaja para consolidar una plataforma exclusivamente de derecha.
«Es ilógico meternos en el mismo barco»
Esta determinación de ir al margen de la izquierda no es disimulada por sus promotores. En una intervención en el programa Artículo 66, el comentarista político Jaime Arellano justificó abiertamente por qué no se incluyó a sectores como UNAMOS (antes MRS) o el Espacio de Diálogo en la propuesta enviada a la Casa Blanca.
«Este es un gobierno de derecha, el gobierno de los Estados Unidos es un gobierno de derecha, una derecha dura, que no quiere saber nada ni de la izquierda ni de los progresistas, entonces es ilógico creer que en un proceso de transición la izquierda o los progresistas van a tener su cuota de poder», afirmó.
Arellano dio por sepultados los intentos de unificación amplia que caracterizaron la lucha opositora desde 2018, calificándolos como un fracaso repetido.
«Uno de los errores que ha habido y que ha fracasado constantemente es tratarnos de meter a todos en un mismo barco. Cuando querés creer que podés meter a los de izquierda, a los progresistas, a los de derecha en un mismo barco para ponerse de acuerdo, no sale, fracasa. La decisión que hemos tomado es la siguiente: cada uno que se enfoque en hacer lo que puede», enfatizó.
«La izquierda tiene su propuesta, ahí salió la Haydeé Castillo con una propuesta (…) Si la Haydeé Castillo quiere presentar su propuesta al Departamento de Estado que la presente», retó Arellano.
Según nuestras fuentes incluso Félix Maradiaga no es considerado de derecha dentro de la administración Trump. «Lo ven más al centro, pero se están acercando ellos al bloque de derecha y de alguna manera hay gente liberal también dentro de ese grupo de Félix y tratan de sumarse», indicó.
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Por su parte, Alfredo Gutiérrez, coordinador de Liberales Nicaragua —organización que integra el bloque de centro-derecha—, reforzó la distancia doctrinaria.
«Tenemos dos ejes: el eje ideológico que obviamente no vamos a compartir con ellos ni ellos con nosotros, vamos a estar en aceras totalmente opuestas», sostuvo.
Gutiérrez justificó el distanciamiento argumentando además, diferencias de fondo sobre cómo salir del régimen, acusando a sectores de izquierda de pretender una transición «negociando con los Ortega-Murillo» y cuestionando su peso en elecciones pasadas.
«Con las elecciones de Fabio Gadea Mantilla y con las de Eduardo Montealegre también no se vio ni se logró observar que la inclusión de ellos haya implicado mejoría sustancial en los porcentajes de votación a favor de nuestros candidatos», destacó.
Aunque Gutiérrez negó conocer que se pretende consolidar un bloque único excluyendo a las fuerzas de izquierda.
Izquierda protesta y reclama espacios
La postura de la derecha ha generado un fuerte malestar en el resto del espectro opositor, que señala que el sesgo ideológico distrae del enemigo común. Desde la Unión Democrática Renovadora (UNAMOS), su vocero Luis Blandón lamentó que a ocho años del estallido social se antepongan los colores políticos. «Es triste y lamentable que a estas alturas, ocho años después, sigamos viendo esto como un tema ideológico cuando la dictadura no perdona color, no perdona ideología, no perdona de dónde sos», afirmó en el programa de Miguel Mendoza, advirtiendo que «mientras sigamos con sectarismos (…) va a ser más difícil de que podamos avanzar y que nos tomen con seriedad».
En esa misma línea, Támara Dávila, directiva de UNAMOS, recordó en Artículo 66 que «el problema en Nicaragua no es un problema de izquierdas o derechas, es un problema de dictadura versus democracia» e insistió en que cualquier hoja de ruta real debe incluir a toda la ciudadanía victimizada por el régimen.
Por otro lado, la defensora de derechos humanos Haydée Castillo, coordinadora del Espacio de Diálogo, criticó las salidas que dependen únicamente de gestiones o intervenciones de potencias extranjeras y no considera una extracción de Ortega al estilo Maduro como el mejor camino.
«Yo creo que seríamos irresponsables, vieras con cuánta gente conversamos, defensores de derechos humanos, organizaciones civiles y de todo en Venezuela y lo que ha pasado cuando simplemente hacés eso, pero no creás las condiciones ni un consenso ni nada para que el remedio no sea peor que la enfermedad, yo creo que en ese sentido Nicaragua necesita liderazgos responsables», expresó.
Castillo defendió la necesidad de construir consensos nacionales basados en la resistencia cívica y la presión económica internacional sobre la dictadura, advirtiendo que la fragmentación y la falta de acuerdos de país exponen a Nicaragua a repetir ciclos de violencia y «sálvese quien pueda».
*Este artículo fue elaborado mediante la colaboración estratégica entre nuestro equipo editorial y herramientas de inteligencia artificial.
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