La alineación de Sol, Tierra y Luna dejó esta noche un espectáculo claro: un eclipse lunar parcial profundo que cubrió cerca del 96 % del disco lunar. No fue un eclipse total, pero sí lo suficientemente intenso para que la mayor parte de la Luna perdiera su brillo habitual y adquiriera un tono cobre o anaranjado.
Ese color no es un efecto mágico. Cuando la Luna entra en la umbra —la parte más oscura de la sombra terrestre—, la luz solar que aún llega a su superficie ha atravesado la atmósfera de la Tierra. Esa atmósfera filtra los tonos azules y deja pasar sobre todo las longitudes de onda rojas y naranjas. El resultado es el típico “brillo de atardecer” proyectado sobre el satélite.
El máximo ocurrió alrededor de las 22:13 hora de Nicaragua (04:13 UTC del 28 de agosto). En ese instante solo una franja estrecha del borde norte permanecía iluminada de blanco; el resto del disco se veía oscurecido y teñido. La fase parcial, la más evidente a simple vista, se extendió más de tres horas. El fenómeno completo, contando las etapas penumbrales más sutiles, duró cerca de cinco horas y media.
En Nicaragua el eclipse fue visible desde la noche del 27 de agosto. La penumbra comenzó cerca de las 19:24 y la sombra oscura empezó a “morder” la Luna hacia las 20:34. El director del Instituto de Ciencias de la Tierra y Astronomía de la Universidad Galileo de Guatemala había señalado en la previa que el cambio de aspecto se haría más notorio después de las 20:00 y alcanzaría su punto más llamativo pasadas las 22:00.
La visibilidad no fue uniforme. Las autoridades advirtieron de nublados y lluvias asociados a la onda del este número 32, con mayor impacto en el norte y el sur del país. Quienes tuvieron cielo despejado pudieron seguir el evento a ojo desnudo: un eclipse lunar no requiere filtros ni lentes especiales, a diferencia de uno solar.
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El fenómeno cerró el calendario de eclipses de 2026 y se observó en un área amplia: América, parte de Europa, África y el oeste de Asia. Quienes no pudieron salir o encontraron nubes pudieron seguir transmisiones en vivo. El próximo evento lunar comparable de esta magnitud no será inmediato; el de agosto 2026 quedó como uno de los más profundos del ciclo reciente sin llegar a la totalidad.
Para fotografiarlo bastaba un trípode, exposición larga y no sobreexponer la porción aún iluminada. El contraste entre el sliver blanco y el resto anaranjado fue, precisamente, el detalle que más se buscó capturar.
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