Tres décadas siendo el segundo país más pobre de Latinoamérica

Tres períodos de gobiernos «neoliberales» y tres de gobierno sandinista no han podido sacar al país de ese puesto de miseria que ocupamos desde hace más de 30 años

 

Por Jennifer Ortiz

“¡El Gobierno de los pobres!» Una de las consignas gubernamentales que se lee con más frecuencia en los innumerables megarótulos que invaden Nicaragua para promover la gestión de Daniel Ortega y Rosario Murillo.

Si Ortega encontró en la pobreza una estrategia de marketing, a como muchos opositores denuncian, sin duda, dio con una mina de oro.

“Nicaragua es el país más pobre de la región, después de Haití”, dice el informe más reciente del Banco Mundial publicado en octubre de 2019.

El país lleva tres décadas en ese puesto infortunado donde llegó a parar tras la devastación social y económica que dejó la guerra de 1980, encabezada por Daniel Ortega, en ese entonces también presidente.

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La publicidad oficial parece indicar que Nicaragua dejó atrás su miserable pasado. Los titulares de los medios propiedad de la familia presidencial dan cuenta de “grandes logros” en los sectores que se convierten en principales indicadores para reflejar el desarrollo de un país. Informan sobre alta cobertura educativa y de salud, altas tasas de empleo y una economía pujante. Pero ¿Por qué entonces seguimos ocupando el mismo puesto después de 30 años?

El economista Luis Núñez explica que la pobreza es un problema estructural y el Gobierno ha centrado sus esfuerzos en soluciones temporales con poco impacto en el largo plazo y mucha carga publicitaria.

-“Por ejemplo, se han construido escuelas pero el sistema de educación es deficiente y no llena las necesidades de la sociedad”, nos dice.

Como resultado de la baja calidad educativa, Núñez expresa que se ha tenido que traer profesionales de otros países a cubrir plazas para las que no hay personal calificado en Nicaragua.

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Las aseveraciones de Núñez no son infundadas. En el año 2015 el informe de resultados TERCE (Tercer Estudio Regional Comparativo, Explicativo) que impulsa la UNESCO y que mide la calidad de la educación a través de pruebas estandarizadas para las asignaturas de matemáticas, ciencias y lectura en tercer y sexto grado de primaria, revelaron que los estudiantes nicaragüenses están muy por debajo del promedio latinoamericano en todas las pruebas.

La pésima calidad educativa tiene otra consecuencia nefasta; al salir del sistema de educación, los jóvenes no encuentran trabajo, entonces pasan a engrosar las estadísticas del empleo informal.

Según el Cosep el empleo informal en el país es del 80%. Foto: Elaine Feith/ Flirck CC

 

El Consejo Superior de la Empresa Privada Cosep, ofreció 2016 un informe que reveló que de 2006 a esa fecha, el empleo informal había pasado del 60% al 80%.

El economista Enrique Sáenz recuerda que el empleo informal es aquel que se realiza fuera del control tributario, por lo que no paga impuestos, pero además no ofrece beneficios laborales y condiciones dignas, por lo que el gobierno lo ha incluido dentro de las estadísticas de empleo, pero no representa en realidad un beneficio para el Estado, ni tampoco para los trabajadores.

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Pero los que están en el sector formal no tienen un mejor panorama. El salario mínimo promedio del país, se encuentra entre los más bajos de la región, unos 275 dólares por mes.

“Es una aberración por ejemplo, que si vas a documentos de promoción de inversiones de ProNicaragua, presentan como una ventaja competitiva los bajos salarios de Nicaragua, que son los más bajos de Centroamérica”, critica el economista.

Producimos poco

Aumentar la productividad tampoco fue una estrategia del gobierno que hubiera permitido al país un verdadero desarrollo a largo plazo.

Luis Núñez señala que en muchos aspectos estamos muy en la cola con respecto a otros países de la región.

-“Tenemos el nivel de producción de leche más bajo del mundo, 3.5 litros por vaca. Los rendimientos agrícolas son bajos, igual la competitividad”, indica.

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Núñez recuerda que Honduras exportó en 2017 casi 5 mil millones de dólares, de los cuales 1, 200 fueron en café. -“Nosotros estamos patinando y no llegamos a los 3 mil millones, y no superamos los 600 millones de dólares en café”, comenta.

Bajos níveles de productividad impiden al país aumentar sus exportacioes. Foto Flirck CC

 

Por si fuera poco, el año pasado Nicaragua cayó ante la vista de posibles inversionistas al llegar al segundo puesto de países menos competitivos de América Latina, solo superado por Venezuela.

El ranking que cada año publica el Foro Económico Mundial señala la falta de independencia del Poder Judicial, la corrupción, la mala regulación y la falta de derechos de propiedad, como  los principales peligros del país para quienes desean colocar inversiones en Nicaragua.

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¿Qué pasa con los programas sociales?

Desde su llegada al poder en 2007, Daniel Ortega aseguró que gobernaría para acabar la pobreza y para lograrlo anunció lo que parecía ser un prometedor acuerdo comercial con Venezuela. El ALBA, impulsó en sus inicios algunos programas sociales como “El Plan Techo” o “Usura Cero”, sin embargo, se repite el patrón.

-“No se ha dirigido los recursos para combatir el problema de raíz”, dice Luis Núñez, quien asegura que el problema de estos programas es que fueron asistencialistas, en lugar de ofrecer a la población soluciones reales que le permitieran salir de la pobreza al concluir su etapa como beneficiarios.

-“Eso ha sido propaganda política, pero no realidad”, dice Enrique Sáenz.

-“El Plan techo, no resolvía el problema de empleo de la gente porque no se podían comer la lámina de zinc”, expresa el economista.

Ortega lleva la misma cantidad de períodos que han tenido los gobiernos «neoliberales» y no ha sacado al país del segundo puesto de pobreza en L.A Foto: Flirck CC

 

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Para Sáenz el problema de la cooperación venezolana es que hizo de Nicaragua una “economía subsidiada” que mantuvo cifras equilibradas mientras duró, pero una vez que Venezuela cayó en desgracia Nicaragua empezó a hundirse.

Las cifras económicas del país vienen en declive desde el 2016, cuando ya el Banco Mundial proyectaba un aumento de más de 3 puntos porcentuales de la pobreza en Nicaragua desde ese año hasta el 2019.

Para 2018 la cooperación venezolana hacia Nicaragua se había reducido en un 95.1%, ya que el último informe de Banco Central indicó que el año pasado se recibieron 27.2 millones de dólares, cuando en 2011, año del nivel más alto de intercambio del acuerdo, se registraron 563.8 millones de dólares.

Pero quizá el mayor problema empieza en la opacidad de ese acuerdo. Mientras los más pobres recibían láminas de zinc y chanchas embarazadas, la alta dirigencia del ALBA amasaba millones de dólares, al menos 4 mil millones, según informes oficiales.

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La claridad con respecto a si es deuda pública o privada no termina de definirse, porque hasta ahora los fondos se han manejado de forma secreta por la familia presidencial, pero para el sociólogo y economista Óscar René Vargas, todo este esquema turbio se tradujo en mayor desigualdad social.

-“Entre más rápido ha sido el crecimiento económico, se ha traducido en mayores desigualdades sociales por la voracidad del capital y de la nueva clase, en el proceso de concentración de la riqueza”, dice Vargas.

La nueva clase a la que se refiere parece tener dos apellidos fuertes y dominantes: Ortega y Murillo, aunque un círculo muy cercano a ellos también se ha beneficiado.

Nicaragua Diseña evento de Camila Ortega Murillo, financiado con dinero público estuvo cargado de lujos y derroche, en medio de una las peores crisis económicas de las últimas tres décadas. Foto:19 Digital

 

Desde su ascenso al poder y como nunca antes habían podido hacerlo, la familia Ortega se ha hecho de 5 canales nacionales de televisión, productoras audiovisuales, empresas de seguridad privada, estaciones de gasolina y una gran cantidad de empresas que además firman contratos multimillonarios con el Estado. Si la pobreza se redujo, indiscutiblemente no fue para la mayoría, opina Enrique Sáenz.

-“Si vos tenés a más del 50% de la población en subempleo o desempleo, y estás generando crecimiento económico, quiere decir que ese crecimiento es estéril para la población y que está siendo concentrado por una minoría”, denuncia.

Las «telarañas» numéricas del gobierno

Aunque el Gobierno asegura que la pobreza es de apenas 24.9%, es decir, que solo 24 de cada 100 nicaragüenses pueden considerarse pobres, un informe presentado por la Fundación Internacional Para El Desarrollo Económico Global FIDEG, indica que al 2016, cuando aún no había estallado la crisis, la pobreza general era del 42%.

Enrique Sáenz critica las cifras oficiales y acusa al Gobierno de hacer “malabares estadísticos” para ranquear alto en los indicadores económicos.

Según el anuario estadístico del Banco Central de Nicaragua, en el año 2017 el desempleo en el país era de apenas el 3,3%, es decir que solo 3 de cada 100 nicaragüenses no tenían trabajo.

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En las estadísticas oficiales de este 2019, el Ministerio de Educación anunció que la retención escolar fue del 95%, es decir, que solo 5 de cada 100 estudiantes descontinuaron sus estudios.

Las cifras parecen enviadiables hasta para países muy desarrollados como Finlandia y Suecia, pero para Sáenz, simplemente están manipuladas.

-“La línea de pobreza del Banco Mundial es de sobrevivir con 2 dólares al día para pobreza extrema y 4 dólares para la pobreza general y ellos (el gobierno) vienen con una linea de pobreza africana que se usaba en los años 80, solo para mantener altos los indicadores”, cuestiona.

En otros casos, las estadísticas no se actualizan desde el año 2012, como por ejemplo, los datos sobre desnutrición infantil y más recientemente se dejó de publicar la Encuesta Continua de Hogares, el apagón estadístico para esa y otras estadísticas, lleva ya 9 meses y los opositores creen que Ortega trata de esconder los efectos reales de la crisis sociopolítica y su renuencia a buscar una salida negociada al conflicto.

¿Dónde queda el dinero de los pobres?

Está claro que los pobres generan la riqueza, pero el problema, según el sociólogo y economista Óscar René Vargas, se presenta en el momento de su distribución.

Según el experto el dinero solo “pasa por las manos” de los pobres, porque es destinado a adquirir productos esenciales, que comercializan grandes empresas que se quedan con la mayor parte de los ingresos, y en muchos casos a pagar deudas, beneficiando siempre al negocio de la banca.

-“Por ejemplo, los salarios han permanecido estancados tanto en el 2018 y 2019, algunos han descendido. Mientras que, la tasa de ganancia de los bancos se ha mantenido por encima de la media nacional. Por ejemplo, a septiembre de 2018, la tasa de beneficio fue del 23.9 por ciento y, a septiembre de 2019 alcanzó el 14.5 por ciento”, explica.

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Pero según Vargas el sector bancario no solo se apropia del excedente financiero de los más pobres, también lo hace con el “de los otros sectores económicos en forma de intereses, dividendos, seguros y los llamados seguros empresariales».

Vargas recuerda que a través del corporativismo, impulsado por el llamado “modelo de diálogo y consenso” entre el Gobierno y el sector privado por más de 11 años, se favoreció este tipo de prácticas.

– “Las cifras oficiales revelan que, por evasión fiscal, exoneraciones y beneficios fiscales se pierde anualmente más del 10 por ciento del PIB en beneficio de los grandes empresarios”, nos dice.

Recientemente Daniel Ortega anunció que reducirán los beneficios fiscales al sector privado, así como las exoneraciones, pero esta es una medida que se contempla solo después que se rompió la alianza con el empresariado, 11 años de favoritismo han calado en la economía y con la crisis sociopolítica la realidad ha salido a flote; los pobres están peor y Ortega, familia y amigos tienen más dinero que nunca.

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