Los retos de los familiares de víctimas de femicidios

Niños en la orfandad, abuelas que vuelven a asumir el rol de madres, y una justicia ausente. Tras los femicidios las familias de las víctimas luchan por superar el duelo.

Tras un femicidio, los familiares de las víctimas deben lidiar no solo con la pérdida, sino también con el resto de huellas de estos crímenes que muchas veces no logran alcanzar la justicia.

Las muertes dejan a niños y niñas en la orfandad, muchas abuelas que deben volver a asumir el rol de madres, y profundas heridas que no cierran ante la falta de punición sobre los femicidas.

El pasado 21 de agosto Fátima Martínez, quien tenía seis meses de embarazo, fue encontrada sin vida junto a su hija de cuatro años en su vivienda en Matagalpa.

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Alexander Castellón, pareja de Martínez, ha sido capturado como el responsable de los asesinatos.

A través de una conferencia de prensa, los familiares de Martínez indicaron que ya le habían aconsejado alejarse de Castellón, pero nunca les escuchó ni tampoco interpuso denuncia pues creen se encontraba bajo amenaza.

Ahora, lo único que solicitan es justicia para Fátima y su hija, y solicitan que se le brinde la pena máxima al responsable.

“No es justo que le den una pena menor de lo que yo pido” señaló la madre de Martínez.

Familiares deben enfrentar la cruel impunidad

El silencio se ha convertido en el mayor aliado de los agresores contra las mujeres. Hasta el mes de julio, la organización Católicas por el Derecho a Decidir ha registrado un total de 42 femicidios, de los cuales solo 13 se encuentran en proceso judicial y únicamente cuatro han recibido sentencia.

Son varios los casos de femicidios en Nicaragua que no han sido atendidos con los debidos procesos y que su indeterminación solo prolonga el sufrimiento de los familiares de las víctimas.

Tal es el caso de Dina Alexandra Carrión quien fue asesinada el 3 de abril de 2010 presuntamente a manos de su pareja Juan Carlos Siles Saravia, diez años después de su asesinato y su femicida aún continúa en libertad.

Aída Carrión, hermana mayor de la víctima, destaca que “aún no hay justicia debido a la impunidad que prevalece en el estado ya que las leyes existen, pero no son aplicadas para las mujeres y en otros casos las penas no son otorgadas a cómo deberían”.

En 2010 el caso de Dina Carrión fue clasificado como suicidio y para que el dictamen fuese revertido por el Ministerio Público tuvieron que batallar por año y medio en las calles junto con los movimientos de mujeres y contratar investigadores privados. Después de tres años se reconoció el delito de parricidio pues aún no existía la ley 779 y esta no es retroactiva.

Sin embargo, tras el reconocimiento, Siles logró acceder a un recurso de amparo en la Corte Suprema de Justicia (CSJ).

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Actualmente el caso se encuentra ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), el cual fue receptado desde el 7 de marzo de 2013 denunciando al estado de Nicaragua.

La situación de la familia de Dina Carrión es similar a la de muchas otras familias que no han podido presenciar el cumplimiento de la justicia en sus casos.

Retos de superación

De los 42 femicidios registrados hasta julio de este año, se han podido localizar a más de 54 huérfanos.

Aída actualmente es directora de la Fundación Dina Carrión, la cual brinda acompañamiento psicológico a los niños y niñas que han quedado en la orfandad producto de femicidios.

Además de brindar psicoterapia a las abuelas que han quedado a cargo de estos menores y que ahora enfrentan grandes retos.

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Por un lado, la parte económica, pues la mayoría de estas mujeres anteriormente se conformaban con escasos ingresos que obtenían de la venta de tortillas o de sus pensiones, y que ahora deben costear la educación de estos pequeños y asumir nuevamente un rol de madres.

Incluso, a través de la Fundación, han identificado casos de niños que han debido integrarse a actividades laborales para subsistir, como es el caso de una pequeña que vende tajadas fritas en el barrio de Monimbó.

¿Cómo explicar los hechos a los hijos?

Otro de los retos que deben enfrentar los familiares de las víctimas de femicidios, es el brindar respuesta a los menores, quienes a medida que crecen, también lo hacen sus dudas respecto a la muerte de sus madres.

Aunque lamentablemente algunos de estos niños fueron testigos de los hechos, muchos otros desconocen la verdadera causa de las muertes.

Ante dicha situación se encuentra la mamá de Lucero Montoya, la joven que fue asesinada en abril de 2017 por su expareja en el barrio La Fuente, dejando a un par de gemelos y otro niño de nueve años en la orfandad.

La madre de Lucero ha compartido que los menores ya inician a preguntarle cómo fue que su mama murió “¿qué le dio? ¿cómo fue su enfermedad?”

Por ello, es necesario que las familias reciban terapia para superar las diferentes etapas del duelo y puedan enfrentar a los menores a la dolorosa realidad.

Menores quedan en total vulnerabilidad tras femicidios

La semana pasada Ministerio de Familia informó sobre el fallecimiento de un menor de 12 años, quien aparentemente se suicidó.

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El menor se encontraba bajo la protección especial del Ministerio de Familia tras quedar en la orfandad por el violento asesinato de su madre.

Los hijos de las víctimas de femicidios, son quienes se encuentran más vulnerables tras los hechos, y por ello es fundamental que reciban un adecuado acompañamiento.

Además del impacto emocional, Aída comparte que las niñas y niños huérfanos incluso se encuentran expuestos a ser víctimas de bullying en los colegios, pues se les suele llamar “los motos”.

Todos estos factores vulneran el estado psicológico y emocional de los menores, para quienes el mayor reto es que continúen adelante con sus estudios y no los paralicen.

“El reto es que los niños no abandonen la escuela pues es la única forma de que rompan la violencia intrafamiliar, a través de la educación que obtengan, que los niños no repitan el patrón de conducta del padre agresor y las niñas no soporten violencia a ninguna pareja en el futuro”.

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