La vejez de un vigilante que perdió la pierna en un asalto

En 1987 la empresa en la que trabajaba como guarda de seguridad fue asaltada y él herido gravemente. Perdió su pierna y su familia, pero no sus ganas de salir adelante.

En el año 1987 Manuel Alvarado tenía 28 años y trabajaba como vigilante en la empresa “La Tendería los Leones,” un taller donde se elaboraban calzados, bolsos y otros artículos de cuero, en el barrio Guadalupe, de la ciudad de León, al occidente del país.

Si su trabajo por definición se entiende como de alto riesgo, en esa época, al calor de la guerra de los 80 en Nicaragua, las cosas eran aún peores. El conflicto armado hacía proliferar armas entre la población y los grupos delincuenciales tenían acceso a ellas para sus fechorías.

Aunque Manuel vivía entre la crudeza del conflicto armado, nunca imaginó que aquel día de trabajo cambiaría su vida.

«Rondaba la empresa cuando ingresaron disparando a quema ropa con un AK 47 para asaltar el establecimiento», relata aún estremecido al recordar aquellos eventos. El vigilante no pudo hacer nada para defenderse; solo tenía asignada un arma corta calibre 16 de un solo tiro para su trabajo.

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Caído en el piso y sientiéndose al borde de la muerte, Manuel recordó que un grupo de delincuentes llamado «Los Cachorros» rondaba todos los días la empresa, pero esa vez se atrevieron a entrar y dispararon. Una bala pasó cerca de su cabeza, pero no logró alcanzarlo, las otras dos lo hirieron. Pero la que lo inmovilizó fue la que impactó en su pierna derecha. Manuel cayó y se dio cuenta que estaba en graves problemas.

«Recuerdo que todo estaba oscuro y al verme tendido pensaron que me habían matado, pero estaba inconsciente, cuando desperté estaba en el hospital. La bala había salido y había causado una grave infección que al final acabó con un miembro amputado debajo de la pelvis”, relató.  

“Ese día mi vida cambió para siempre, el médico me dijo ‘hay que amputar la pierna porque está con gangrena. Esto es rápido porque su vida depende de ello’, esas últimas palabras fueron un detonante en mi futuro”, dice Manuel, que en ese momento no podía elegir; era su pierna o su vida.

Manuel Alvarado aún viaja en su bicicleta a sus 63 años, sin una pierna, la cual perdió durante un asalto en 1987.

La pierna no fue su única pérdida

A raíz del asalto, Manuel no solo perdió su pierna, sino también a su esposa ya él asegura, ella no logró enfrentar todos los desafíos de su discapacidad. 

“Era joven y a pesar de mi discapacidad me sentía bastante entero y tenía que conseguir un trabajo y un lugar donde vivir», relata.

No tuvo tiempo para procesar su nueva condición. En ese momento ideó la manera de seguir trabajando para sostener a sus hijos. «Fue ahí donde se me ocurrió usar una bicicleta. Entonces me decía: ‘si logro dar medio pedal o un pedal entero ya no perdí mi canilla’ porque me sentía seguro y empecé solo a inventármela. Busqué una faja ancha y la ajusté al pedal de una bicicleta BMX. Comencé a impulsarme con la muleta para dar pedal y así practiqué por varios días en el interior de la casa hasta que me tocó salir por una emergencia, había que llevar a la niña a la escuela desde el barrio Guadalupe al Oscar Pérez y tomé el riesgo. Todos se quedaron asustados de ¿cómo lo había hecho?, desde entonces la bicicleta se convirtió en la otra parte de mi cuerpo. Me devolvió la vida y mi libertad de movilizarme”, dijo con entusiasmo. 

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Años más tarde La Tendería prescindió de los servicios de vigilancia de Manuel, quien fue liquidado con 5 mil córdobas de indemnización. “Aquellos tiempos fueron los más difíciles de mi juventud», se lamenta.

En el 2006 la empresa lo volvió a contratar, pero en el 2019 a raíz de la crisis sociopolítica y sanitaria del país, el negocio se declaró en quiebra. «Desde entonces estoy desempleado, pero siempre le pongo empeño a la vida para salir adelante”, asegura.

Antes del asalto Manuel era un joven al que le gustaba recorrer su municipio, ir a las playas, ir de pesca y trabajar. Hoy en día su actividad de movilización se ha reducido por su edad y se mantiene con la pensión de jubilado de 5,500 córdobas que recibe mensual del INSS por sus cotizaciones. Eso equivale a gastar 183 córdobas por día, junto a su nueva pareja y una niña de 8 años a la que lleva y trae a diario a clases en su bicileta.

Un apoyo para un amigo con discapacidad

Hoy Manuel, con 63 años recorre las calles pedregosas de su comunidad montado en su bicileta, causando admiración entre sus vecinos que reconocen su espíritu de superación y su determinación.

«Yo visito a un amigo que también le amputaron la pierna, lo motivo para que siga adelante con su vida, que practique algún deporte o tenga el deseo de hacerlo. Es importante fomentar la inclusión social de las personas con discapacidad tal como lo hice al decidirme por la bicicleta para movilizarme de manera independiente», indicó. 

Para él, es importante que desde el Estado se promuevan programas de inclusión para las personas con discapacidad para que tengan oportunidades laborales ya que esta suele ser la principal barrera que enfrentan, además de la falta de estructura para que las personas con discpacidad se movilicen de manera segura por las calles.

 

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