La controversia en torno a la ocupación de la residencia del sociólogo Óscar René Vargas en Villa Fontana, Managua, ha dejado al descubierto la repartición discrecional que hace el régimen de los bienes confiscados a cientos de miles de exiliados y desterrados desde 2018. Pero también, pone en debate un tema que igualmente ocurrió en los años 80: la profunda fragmentación familiar por diferencias ideológicas.
La vivienda en disputa, valorada en 250,000 dólares según las escrituras de la década de los noventa, se encuentra en manos de su hijo, Joaquín Vargas Zamora.
Conocido en los círculos oficiales como «El Morning», Vargas Zamora mantiene una estrecha relación de amistad con Juan Carlos Ortega Murillo, hijo de la pareja en el poder , y se desempeña como músico en la banda de rock que este dirige.
En el inmueble expropiado opera actualmente el negocio gastronómico «El Chamol Pinolero», porque el hijo del expropiado, la tiene en renta para fines comerciales. Una situación que el politólogo exiliado no dudó en catalogar con amargura desde la distancia, afirmando al medio digital Divergentes que su hijo se convirtió en un «piñatero».
Con la complicidad del «Chocolatito» Ortega da golpe de gracia a Rafael Solís
El hijo responde
Ante los señalamientos de su padre, Vargas Zamora difundió una extensa carta pública en redes sociales en la que evitó justificar la ocupación desde un plano político y prefirió trasladar el debate al ámbito estrictamente familiar y privado.
En la misiva, describió al intelectual como un «monstruo» puertas adentro, contrastando su reputada imagen pública de dignidad y justicia con un entorno doméstico según él, marcado por el maltrato y la crueldad. Asimismo, le recriminó haber abandonado los principios de resistencia que él mismo le inculcó en su juventud, cuestionando el cambio de postura de su progenitor sobre el Frente Sandinista de Liberación Nacional con un contundente reclamo sobre por qué decidió «rendirse».
«Estoy en potestad de esa casa porque esa casa pertenece a la historia de mi familia, y hoy la defiendo como tal. Es falso que yo, o alguien más haya ejecutado una expropiación contra vos. Es falso que yo haya montado una operación oscura para despojarte», aseguró.
La PGR «convocó»
A pesar de que Joaquín Vargas Zamora sostuvo haber tomado la potestad física del inmueble para protegerlo del deterioro y bajo un supuesto instrumento legal de la Procuraduría General de la República, el medio de comunicación que destapó el caso confirmó que no existe documentación legal pública que avale dicho procedimiento.
Ante los reclamos de Vargas Zamora de no haber sido consultado, Divergentes envió preguntas a Facebook al amigo de Juan Carlos Ortega y este contestó algunas, pero no supo ofrecer las pruebas sobre la supuesta convocatoria oficial de la PGR a los familiares de los expropiados para reclamar sus bienes, de hecho, este sería el único caso en que la propiedad es entregada a familiares, por lo general estos también son señalados de «traidores» y sometidos a castigos o recriminaciones.
Divergentes asegura que «El Morning» negó categóricamente que la casa “me haya sido entregada como premio político, como confiscación dirigida, como favor de autoridad o como operación oscura. Eso es falso”, sentenció.
Expertos jurídicos consultados por el medio Divergentes señalaron que, bajo el marco legal del «decomiso» impuesto por las autoridades del régimen contra sus opositores, los bienes pasan directamente al patrimonio del Estado y no deberían de ser entregados a familiares, mucho menos ocultarse los procedimientos de cesión.
De esta manera, el traspaso de facto del inmueble resalta en el panorama nacional como un hecho aislado, fuertemente vinculado a la cercanía del actual ocupante con el entorno más íntimo del poder nicaragüense.
Sin embargo, también abre otro agujero de la historia convulsa de Nicaragua; la repitición de hechos ocurridos en los 80 que muchos disidentes de hoy toleraron en su momento.
Nicaragua Investiga



































