El dictador Daniel Ortega apareció este viernes en el acto del 47.º aniversario de fundación de la Fuerza Aérea y Defensa Antiaérea del Ejército de Nicaragua llevado a cabo en el Centro de Convenciones Olof Palme de Managua. Durante su intervención el caudillo del FSLN desafió a la comunidad internacional, particularmente a EEUU afirmando que él y su régimen «representan la paz y la estabilidad».
En el acto, Ortega se refirió al narcotráfico regional, las elecciones que el mismo prohibió el pasado 19 de julio, y al Escudo de las Américas, un mecanismo de presión contra tiranías continentales creado e impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El dictador insistió, o se acepta la paz que, según él, representa su gobierno —»paz que permite el crecimiento económico, educativo y de las inversiones»—, o se abre la puerta a la guerra y la inestabilidad que “otros” intentan reintroducir en Nicaragua.
Según Ortega, las reformas electorales, que han generado rechazo en todo el mundo, están orientadas a garantizar elecciones “con soberanía”, lejos del modelo de las antiguas intervenciones norteamericanas. Esas reformas, insistió, buscan blindar la paz frente a quienes, a su juicio, conspiran para sembrar el conflicto.
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Advirtió que existen fuerzas que rechazan la unidad latinoamericana porque pretenden dominar la región, en referencia a Washington. Según su relato, envían agentes militares con el pretexto de coordinar la lucha antinarcóticos o el control migratorio, cuando en realidad el problema del consumo radica en buena parte de la población estadounidense. “Aquí somos víctimas”, afirmó.
Pide dinero a Estados Unidos
Ortega aprovechó su discurso para solicitar ayuda económica, aunque de manera solapada, a Estados Unidos.
Nicaragua mantiene plena disposición a combatir el tráfico de drogas y está abierta a que Estados Unidos destine presupuestos y fondos a los países de la región para reforzar esa lucha. “Es a ellos a los que estamos protegiendo; es la juventud norteamericana”, señaló.
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Al mismo tiempo, acusó a Washington de destinar millones a promover guerras, ocupar territorios y ejecutar lo que calificó de actos terroristas, entre ellos el “secuestro” del «presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores», quienes permanecen detenidos en territorio estadounidense. En su visión, esas acciones distraen a EE.UU. de la tarea real, controlar el consumo de drogas en sus ciudades y ejercer mayor vigilancia en su propio suelo.
Poder vitalicio o caos
De esta forma, el dictador sandinista eleva el nivel de desafío no solo hacia el poder estadounidense en el hemisferio occidental, sino también hacia la comunidad internacional que observa con creciente preocupación el rumbo autoritario de Managua.
«Aquí no se trata de imponer la paz con estados de sitio, no se trata de imponer la paz a punta de balazos, se trata de que se instale la paz, se mantenga la paz,, reforzada porque, por las leyes y las leyes no están trabajándose para poner estados de sitio ni para dispararle a nadie, simplemente para asegurar que no queden ahí lugares donde puedan volver a lanzar sus guerras criminales…» dijo en referencia las reformas constitucionales que pretenden instalarlo en el poder hasta su muerte.
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Su mensaje convierte a Nicaragua en un factor de fricción adicional para América Latina. O se avanza hacia una coordinación bajo los términos que él propone, o se acepta, según su lógica, el riesgo de inestabilidad y conflicto. La respuesta regional y de Washington determinará si este reto se traduce en mayor aislamiento o en un nuevo frente de tensión continental.
Ya el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) fue convocado de urgencia para el próximo miércoles 5 de agosto con el objetivo de, convocar a los cancilleres para evaluar si se declara formalmente al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo como una amenaza a la paz y estabilidad del continente.
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