Tras el rastro de cadáveres de la ocupación rusa en una aldea ucraniana

Algunos de ellos, estoicos, parecen resignados frente a los restos del ser querido. Otros los acarician, como para despertarlos de un profundo sueño.

En la recolección de los cuerpos en la aldea ucraniana de Andrivka, primero se coloca un signo de interrogación amarillo, luego la policía cava la tumba y por último los familiares se enfrentan al triste descubrimiento.

Algunos de ellos, estoicos, parecen resignados frente a los restos del ser querido. Otros los acarician, como para despertarlos de un profundo sueño.

Los periodistas de la AFP fueron testigos el lunes de la exhumación de los cadáveres de tres hombres vestidos de civil en los jardines de Andrivka, más de 30 kilómetros al oeste de Kiev.

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Se trata de Ruslan Yaremchuk, de 46 años, Leonid Bondarenko, de 68, y Yuri Kravchennia, de 46, según sus documentos de identidad y sus vecinos.

Otros tres cuerpos fueron exhumados antes, según un funcionario local. Enterrados por sus vecinos, todos fueron asesinados por los rusos, precisan los habitantes.

Andrivka, donde vivían 2.000 personas antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero, fue ocupada por las fuerzas de Rusia hasta su retirada de la región a finales de marzo.

Ruslan Yaremchuk

Ruslan fue enterrado en un jardín, detrás de una casa blanca, vestido con un jersey azul, jeans y botas de senderismo grises.

Su cuerpo es levantado por tres hombres. Su vecino Viktor Haniuk, de 42 años, no conoce más que su nombre: Ruslan. Fue él quien lo enterró, con la ayuda de otro aldeano.

En las cercanías, la policía redacta un informe gracias a un diploma que lleva su nombre. Ruslan Yaremchuk estudió ingeniería eléctrica en el Instituto Politécnico de Kiev.

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En la puerta de la casa hay tres raciones del ejército ruso abiertas. «Fue a robarlas. Probablemente por eso lo mataron», afirma Viktor.

Según él, a su vecino le dispararon «detrás de la oreja». El cuerpo de Ruslan es colocado en una bolsa para cadáveres, y la policía continúa.

Leonid Bondarenko

El siguiente, Leonid Bondarenko, está enterrado cerca de una casa rosa, con una cruz mortuoria de flores y la inscripción: 6 de marzo de 2022. El día que murió.

Su cuerpo está envuelto en un edredón azul estampado. Tres hombres lo levantan, revelando su cabeza ensangrentada.

Personas de la comunidad ucraniana participaban en una protesta en apoyo a su país frente a la Embajada de Rusia en Santiago, Chile. (Foto de MARTIN BERNETTI / AFP)

Su hijo Oleksandre, de 39 años, está parado frente a la puerta de la casa, resignado. Su padre murió en un bombardeo y un vecino lo enterró unos días más tarde.

«No sé cómo debe reaccionar la gente común ante todo esto. Destruyeron todo el pueblo», explica.

«¿Qué pensar cuando son civiles los que mueren y no militares? Es difícil para mí hablar de mis sentimientos», comenta Artem Yeliseyev, un policía de 25 años.

Yuri Kravtchennia

El cuerpo de Yuri Kravchennia está enterrado en el suelo cerca de una casa destruida. Mientras es exhumado, su esposa Olesia grita de dolor.

Los restos están envueltos en un plástico ondulado. Olesia intenta correr a su lado pero sus piernas flaquean.

Yuri fue baleado en la calle mientras sostenía sus manos en el aire, asegura. «Hace 41 días que no está y sigo llorando. No puedo continuar sin él», lamenta.

Su vecina, Tetiana Yermakova, de 53 años, viene a consolarla. Ella también es viuda. Su marido Igor, de 54 años, está enterrado en un jardín cercano.

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Igor fue detenido por los soldados rusos el 2 de marzo por difundir información sobre la presencia de las fuerzas de Moscú, según su cuñada Ludmila Oleksiyenko.

Dos días más tarde, fue encontrado muerto cerca de las torres eléctricas. «Me dijeron que podría ser mi cuñado», cuenta Ludmila, de 63 años.

Las manos del cadáver estaban firmemente atadas en su espalda con una cuerda. «Mi hermana y yo lo arrastramos hasta el jardín para enterrarlo. Cavamos el agujero nosotras mismas», continúa.

Su cuerpo será el séptimo en ser exhumado el lunes, si los habitantes de esta aldea encuentran la fuerza para continuar.

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